Resumen
Este documento nos muestra la percepción de un psicoterapeuta sobre las investigaciones referentes a la felicidad. Destaca los factores que afectan a la felicidad y los comenta en la perspectiva de la intervención. En un segundo plano, aparece una reflexión sobre los datos relativos a la felicidad haciendo referencia a grandes corrientes de la tradición psicoterapéutica.
Palabras clave: bienestar subjetivo: felicidad, psicoterapia
Este número temático de la Revista de psicología de Quebec nos revela datos de numerosas investigaciones sobre la felicidad. Para muchos de nosotros, entre ellos el autor de este documento, la lectura de estos textos constituye el primer contacto con una importante corriente de investigación. En virtud de la naturaleza misma de su trabajo, los psicoterapeutas tienen sobre todo la costumbre de intervenir en circulos de gente que presenta una cierta angustia psicológica. En gran medida, esta angustia se manifiesta bajo forma de emociones negativas como la depresión o la ansiedad. Ora bien, aprendemos que esta importancia que se da en las emociones negativas corresponde al número de publicaciones del entorno de la psicología (ver el artículo de Myers y Diener en este número) : el ratio de las publicaciones sobre las emociones negativas versus las publicaciones sobre el bienestar es de 17 sobre 1 a favor de las primeras, las que se refieren a la depresión y a la ansiedad se llevan la palma con diferencia.
Pero es imposible interesarse por la angustia psicológica sin cuestionarse su contrapartida, el bienestar psicológico. Así, aunque las grandes corrientes de la psicoterapia no hayan buscado la definición del concepto de la felicidad en sí mismo, han propuesto de una manera mas o menos formal, modelos conceptuales del bienestar psicológico. Entre otros, la disminución de los afectos disfóricos ha sido asociada a la evaluación realista de la realidad más que a evaluaciones basadas en deformaciones cognitivas (estudio cognitivo, Beck, 1976) ; a un Mi consciente y muy capaz de realizarse, el Superego del mismo modo que la realidad exterior, más que de estar a su gracia (escuela americana de la psicología del Mi fundada sobre el segundo tópico de Freud de 1920, ver Hartman, 1951, así como Laplanche y Pontalis, 1967) ; a la primacía de un verdadero Si (Miller, 1979), de un Sí real (Masterson, 1985) sobre facetas defensivas y falsas del Si (las teorías del Si y/o las teorías de las relaciones de objeto ; ver Poirier, 1997, p. 120-121, para una clasificación de los estudios relativos a las relaciones de objeto) ; a una « complementariedad entre el Mi y el Si » (Dumesnil, 1993, p. 135) en la que, idealmente, el Mi se convierte en « una instancia consciente, razonable y adaptada que tiene un prejuicio favorable para él Si, pero de todas maneras lo considera con lucidez y sin pasión, pudiendo llegar hasta a rechazarle ciertas satisfacciones si éstas están inadaptadas, pero sin reprocharle su movimiento (contrariamente al Sí perseguidor) e intentando orientarle de manera que puede actualizarse de otra manera » (idem, p.140); etc.
La primera constatación de importancia que sacamos de la investigación sobre la felicidad es que una mayoría muy clara de gente, en varios países o contextos culturales diferentes, se describen como felices, satisfechos de sus vidas (ver Myers y Diener, Veenhoven, Finkenauer y Baumeister en este número):
Los investigadores han sospechado durante mucho tiempo que las declaraciones relativas a la felicidad podían ser exageradas debido a la voluntad del bien parecer. Sin embargo, tales distorsiones están limitadas y no pueden explicar los resultados constantes relativos a la felicidad declarada en el conjunto de las investigaciones. Es muy difícil evitar la conclusión de que la mayoría de las personas son felices y están satisfechos de sus vidas.
(Finkenauer y Baumeister)
Este dato es interesante y, quizás, un poco inesperado. Merece una reflexión por parte de los psicoterapeutas. Este dato no corresponde a la realidad cotidiana de los terapeutas que intervienen sobre personas que presentan una angustia psicológica significativa. Podemos, en este contexto, cuestionarnos sobre la posibilidad de generalización excesiva fuera del marco terapéutico. Por otra parte, los terapeutas están al corriente de los modos de funcionamiento psicológico, como las deformaciones cognitivas o los mecanismos de defensa y pueden honestamente preguntarse si éstos últimos no intervienen en las respuestas de la gente. El artículo de Finkenauer y Baumeister pone en relieve este último punto de reflexión. Se habla, entre otros, de nociones « ilusiones positivas » y de « optimismo irrealista ».
Sería sorprendente que el alto nivel de felicidad que muestran la mayor parte de las encuestas provenga simplemente del hecho que la gente ha conseguido sus objetivos y aspiraciones. Parece mas bien que, en gran medida, la felicidad provenga de un factor subjetivo potente : una percepción sesgada de la realidad […] Las personas normales y bien adaptadas recurren a tres tipos de ilusiones :
1. Tienen un concepto positivo exagerado de ellos mismos ;
2. Exageran el control que ejercen sobre sus vidas y sobre el resultado de sus acciones ;
3. Mantienen un optimismo irrealista cuando proyectan lo que les sucederá en el futuro. (Finkenauer y Baumeister)
Lo normal sería, hasta cierto punto (ver también el concepto del « margen óptimo de ilusión » en Finkenauer y Baumeister), ilusionarnos sobre nosotros mismos! Este punto puede parecer divertido a primera vista, pero tomará otra dimensión para el terapeuta interesado en conceptos como el verdadero Sí o el falso Sí. Volveremos a este tema mas adelante..
Para el psicoterapeuta es interesante, en un primer momento, conocer las variables que afectan a la felicidad y, más adelante, aquellas sobre las que él puede intervenir [2] .
Las condiciones sociales básicas
Como es el caso para la salud en el aspecto físico, la felicidad debería ser la condición psicológica habitual (Veenhoven en este número). Por otro lado, es difícil sentir bienestar si estamos enfermos o si vivimos en una sociedad que no responde a ciertas necesidades básicas. Así, la felicidad es mayor en los países más ricos, seguros, libres, igualitarios y tolerantes:
[…] Las personas son infelices cuando viven en condiciones miserables.
[…] Las personas disfrutan de su vida cuando sus condiciones son tolerables. (Veenhoven)
En países con condiciones sociales miserables, sería más importante intervenir sobre estas condiciones que favorecer la intervención individual. Por el contrario, una vez las necesidades básicas satisfechas, las variables sociales influyen menos sobre la felicidad:
A partir de numeroso estudios, es posible llegar a la conclusión de que los factores objetivos influyen poco sobre la felicidad, salvo en casos extremos. Estos casos indicarían que las necesidades fundamentales no están satisfechas. (Finkenauer y Baumeister)
Factores objetivos
Variables como la edad (ver matices aportados sobre el tema por Kozma, Stones y Reker en este número), el sexo y la etnia no afectan a la felicidad (Myers y Diener en este número). Por otro lado, la cultura tiene un impacto sobre la definición que hacen las personas de la felicidad (ver Chiasson y Dubé en este número)
Factores demográficos, como el empleo, el status ocupacional, el tiempo libre (ver Argyle en este número), afectan modestamente, pero significativamente a la felicidad (entre 10 % y 15% de la variable). Será posible para el terapeuta intervenir sobre estos últimos factores informando a los clientes de su impacto sobre la felicidad e intentar mejorarlo (ver el estudio de Fordyce en este número).
Las características personales de la gente feliz
Las características personales siguientes han sido asociadas a gente feliz : la autoestima, el dominio de su vida, el optimismo y la extraversión (Myers y Diener, Veenhoven).
No es sorprendente encontrar una asociación entre estas características personales y la felicidad. La cuestión para el terapeuta es la de saber si se puede ayudar a la gente a adquirirlas, y en tal caso, como hacerlo. ¿Es suficiente un programa de educación a la felicidad como el de Fordyce ? Podría constituir una base interesante de intervención sobre grandes grupos. Por otro lado, para muchos terapeutas está muy claro que las personas necesitarían una ayuda mas individualizada, ya sea a causa de la importancia de sus dificultades, ya sea por que ellas desean un nivel de desarrollo personal más importante (ej. : aumentar su autoestima, gestionar mejor su vida).
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