lunes, 25 de noviembre de 2013

Los efectos de la religión en la felicidad


La justificación de la religión basada en su utilidad personal y social es un rasgo muy fuertemente asociado con la secularización. Un argumento estrella de este tipo de “apologética” moderna es que la religión hace más feliz a las personas. Y aparentemente sólo un insensato (como el del salmo 14) rechazaría ser más feliz.
La asociación entre religión y felicidad es, sin embargo, sumamente variable entre países, tal como confirma un artículo de Jan Eichhorn (vía Epiphenom), de la universidad de Edinburgo, que ha estudiado los efectos que tiene la religiosidad sobre la satisfacción vital en 43 países europeos, y en EE UU, Australia y Nueva Zelanda. Eichhorn ha hallado que los efectos positivos de la religiosidad sobre la felicidad, cuando tienen lugar, están estrechamente relacionados con las creencias dominantes de la sociedad.
Las personas que dan más importancia a Dios, sin embargo, son más felices cuando viven en un país donde los demás también lo hacen. Además, su felicidad también es mayor cuando hay muchas personas que asisten a los servicios religiosos.
Dado que lo contrario no es el caso -las personas que acuden a los servicios más a menudo no son más felices cuando la media en la importancia de Dios es mayor-, parece que la felicidad a través de la religiosidad puede derivarse principalmentede la conformidad con el standard de la comunidad, en particular con el standard visible.
En términos más prosaicos, el conformismo social parece una buena estrategia para lograr la felicidad, y si el conformismo social está asociado con la religiosidad, lo más probable es que la religión te haga más feliz. Este efecto benéfico no se produce cuando vivimos en sociedades altamente seculares o donde la importancia de las creencias religiosas es menor.

el sida y la felicidad


¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA SALUD MENTAL EN EL PACIENTE VIH POSITIVO?

El virus de inmunodeficiencia humana puede causar más que problemas físicos. Las investigaciones demuestran que las personas que viven con VIH / SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) a menudo padecen trastornos de salud mental, como ansiedad,depresión o manía.

La buena salud mental es esencial para el éxito de su tratamiento contra el virus de inmunodeficiencia humana, pero también para vivir una vida feliz y saludable. Por lo tanto es importante que usted sepa que estar infectado con el virus de inmunodeficiencia humana puede afectar su salud mental y que hay recursos disponibles para ayudarlo si lo necesita.

VIH Y LA SALUD MENTAL

Antes de comenzar a tomar medicamentos contra el VIH, debe informar a médico si usted ya está usando medicamentos psiquiátricos, porque algunos de ellos pueden interactuar con los medicamentos utilizados contra el VIH. Los medicamentos antirretrovirales pueden hacer que algunos problemas de salud mental (como la depresión) empeoren, así que es importante para su médico conocer esto.

El virus puede afectar su salud mental. Algunas infecciones oportunistas (que ocurren cuando el sistema inmunológico se daña o se debilita por el VIH) pueden afectar al sistema nervioso y puede provocar cambios en el comportamiento y funcionamiento. Algunas enfermedades, como la demencia, pueden ser asociadas a casos avanzados de la enfermedad por el virus de inmunodeficiencia humana.

Por estas razones, es importante hacer una evaluación exhaustiva de su salud mental y su bienestar al momento de iniciar su tratamiento. También es importante ser abierto y honesto con su proveedor de atención médica acerca de los cambios en la forma en que usted está pensando, o cómo se siente acerca de si mismo y de la vida en general.

¿CÓMO PUEDE SABER SI ALGO ESTÁ MAL Y CÓMO PUEDE CONSEGUIR AYUDA?

Casi todas las personas se enfrentan a problemas de salud mental en algún momento de sus vidas. Las principales tensiones -como la muerte de un ser querido, el divorcio, la pérdida de un trabajo, o las mudanzas-, pueden tener un impacto importante en la salud mental. Tener una enfermedad grave, como el VIH, puede ser otra fuente de estrés.

Entonces, ¿cómo saber que es hora de buscar ayuda? A veces, se puede notar un cambio en sí mismo y, a veces, son las personas que le rodean las que notan los cambios. Algunos de los cambios que pueden ser importantes incluyen:
  • Experimentar "ataques de pánico"
  • No encontrar placer en las actividades que normalmente lo hacían feliz
  • Retirarse de la interacción social (alejarse de las personas)
  • Cambio en el funcionamiento de la memoria (olvidar cosas)
  • Dormir demasiado o no poder dormir (insomnio)
  • Sensación de estar "triste" o "vacío" gran parte del tiempo
  • Sentirse culpable por su situación
  • Sentirse cansado todo el tiempo
La depresión es uno de los problemas de salud mental más comunes asociados con el VIH. La depresión puede variar de leve a grave, y los síntomas pueden incluir muchos de los síntomas o comportamientos descritos arriba. Sólo un profesional de salud mental puede diagnosticar con exactitud la depresión e iniciar su tratamiento.

Si usted siente que algo está diferente, extraño o "malo" con su estado de ánimo, lo mejor es buscar la ayuda de un profesional capacitado. Si bien hay algunos signos y síntomas que los médicos utilizan para diagnosticar un trastorno de salud mental, el diagnóstico se basa usualmente en un patrón de conducta y los sentimientos con el tiempo.

Recuerde, cuando hable con su proveedor, usted nunca debe sentirse avergonzado o incómodo de hablar acerca de sus sentimientos. Sus sentimientos son importantes y válidos. Todos los miembros de su equipo de tratamiento deben estar preocupados y respetar sus sentimientos, además deben estar preparados para ofrecer tratamiento o referirlo si es necesario.

Los proveedores de salud mental (psicólogos, terapeutas, médicos psiquiatras, trabajadores sociales y enfermeras en salud mental) pueden utilizar muchas formas de tratamiento, incluyendo medicamentos y / o "terapia hablada".

Cómo encontrar el tratamiento adecuado?

Su médico de cabecera lo puede ayudar a encontrar un tratamiento que se ajuste a sus necesidades. Además, la persona a cargo de su caso, el trabajador social o la enfermera pueden referirlo a un proveedor especializado de salud mental. Una de las partes más difíciles de tener problemas de salud mental es cuando no hay ganas o impulso para buscar un tratamiento o ir a sus citas una vez que se programen.
Si se siente así, pídale a un amigo o miembro de la familia que lo ayude a hacer y mantener sus citas. Al seguir adelante, su proveedor de salud mental puede ayudarlo a sentirse mejor, y puede mejorar las posibilidades de éxito de su tratamiento contra el VIH (virus de inmunodeficiencia humana).
Los 10 mandamientos para llegar a la felicidad plena.

1. Recuerda tus valoresLa gente gasta mucha energía discutiendo sobre cuáles deben ser nuestros principios y nuestros modos de conducta y, desde las Sagradas Escrituras hasta las investigaciones contemporáneas, muchos han intentado recapitular esos imperativos categóricos que todos debemos seguir. Además, se ha debatido muchas veces si la meta del ser humano debe ser la satisfacción personal o un bienestar colectivo (¿tan incompatibles son?). En cualquier caso, es relevante tener unos valores que seguir. No importa si éstos comulgan con los valores extendidos de una determinada ideología, pero sí debemos contar con una serie de principios para vivir de acuerdo con ellos.
2. Olvida tus errores. Es evidente que, sean cuales sean tus pretensiones, alguna vez te equivocarás o darás un paso en falso. Nos pasa a todos. Lo que debemos intentar es aprender de nuestros errores y no dejar que nos abatan: siempre hay que intentarlo de nuevo. Cada día es otra oportunidad para hacer las cosas mejor.
3. Muéstrate activo. La primera ley del movimiento de Newton afirma que, en ausencia de otras fuerzas, los cuerpos en reposo continuarán en reposo y los cuerpos en movimiento seguirán en movimiento. Si quieres conseguir cambiar algo en tu vida, permanecer como estás y esperar que otras fuerzas actúen en tu ayuda no es una opción práctica. La vida recompensa a aquellos que se activan y asumen responsabilidades. Si te quedas en casa viendo la tele, las nuevas oportunidades no van a llamar a tu puerta pidiendo una cucharadita de azúcar.
4. Nunca te rindas¿Cuál es la diferencia principal entre la gente que tiene éxito y la que no lo tiene? La diferencia no es que unos nunca hayan tropezado ni fallado, sino que han seguido persiguiendo sus objetivos a pesar del contratiempo. Mientras sorteas los obstáculos que con certeza aparecerán en tu camino, tendrás que variar el curso de éste o incluso el lugar de destino. Pero nunca abandonar, ya que eso sólo conducirá a un fracaso garantizado.
5. Tómate un respiroDiversas investigaciones han mostrado que si estás estudiando para un examen, intentando ponerte en forma o trabajando en un proyecto, alcanzarás mejores resultados y con mayor celeridad si intercalas periodos de intensa concentración con momentos de descanso.
6. Deja huellaEn un mundo que cada vez más está plagado de artículos producidos en masa, la gente creativa y con iniciativa es la que consigue dejar su sello personal. Además, ser productivos y ayudar a los demás es algo que nos hará felices, sólo debemos encontrar la manera a través de la cual nos sentimos más cómodos haciéndolo. Mira a tu alrededor, piensa cómo puedes contribuir y ponte manos a la obra.
7. Emprende algo nuevoCon pequeñas variaciones, lo que hacemos cada día en nuestra rutina diaria es una repetición de lo que hicimos el día precedente. Los hábitos son importantes para muchas cosas, pero también ciegan nuestras posibilidades de crecimiento. Hacer cosas nuevas nos alegrará, ya que nuestra vida se quedará estancada si repetimos lo mismo una y otra vez.
8. Rompe con los viejos hábitosNuestros cerebros buscan patrones de comportamiento mecánicos y nos resulta muy difícil acabar con ellos, especialmente cuando nuestra mente relaciona hábitos perniciosos con la satisfacción o el placer. Sin embargo, estos patrones son una tendencia, pero no una necesidad. Con la valentía y la fuerza de voluntad suficiente se puede acabar con un hábito insano. El compromiso será fundamental para hacer borrón y cuenta nueva.
9. Expresa tu gratitudComo individuos tendemos a pensar que somos agentes independientes, autosuficientes y autónomos, pero nada más lejos de la realidad. Dependemos de nuestro entorno para todo y todo se lo debemos a los demás: la comida que comemos, lo que hemos aprendido, lo que nos ha sanado en un determinado momento o lo que nos ha entretenido. Es importante mostrar nuestra gratitud y devolver el favor prestado.
10. Ama con sinceridadComo decían los Beatles, “love is all you need”. El amor es la silenciosa disciplina que presta atención y cariño a la gente que nos rodea, y según la cual cada uno da lo que recibe y viceversa. Acoge cada momento de tu vida con amor y sé receptivo a todo lo que venga. La felicidad tiene muchas más posibilidades de triunfar en esas circunstancias.

COMO AFECTAN LAS ENFEMEDADES A UNA PERSONA Y AL ENTORNO FAMILIAR
Los trastornos mentales no afectan solamente a los pacientes, sino también al entorno familiar. Los expertos afirman que las personas involucradas con pacientes con trastornos mentales se encuentran sometidos a una intensa tensión y agotamiento.
Los familiares al enterarse que un miembro de la familia padece de algún trastorno mental pueden afrontar las siguientes fases, conocer qué es lo que se está experimentando podrá ayudar al paciente y a la familia. 
-       Negación: Al tener un diagnóstico de esquizofrenia o cualquiera de las demás enfermedades mentales de un ser querido, la mayoría de las personas pasa por una fase de negación. Al estar en esta fase, cualquier esfuerzo que  se haga por el paciente, se verá obstaculizado cuando otro miembro de la familia no acepte el diagnóstico y pueden existir discusiones que desequilibran el núcleo familiar.  
-       Culpa: Muchas veces es el paciente quien se atribuye la culpa, cuando en realidad el problema reside en la enfermedad en sí y no en ningún miembro de la familia.  
-       Vergüenza: Hace 30 años las personas se sentían avergonzadas si un pariente desarrollaba cáncer. Se hablaba de ello susurrando porque asustaba y horrorizaba a las personas. Hoy en día nadie soñaría con sentirse avergonzado del cáncer. Por medio de la educación, de la comprensión y de un mayor conocimiento médico, la sociedad ha logrado avenirse con una enfermedad devastadora. Existen grupos de apoyo a los que recurren los familiares de personas similares a los de tu círculo familiar. 
-       Enojo: Es natural sentir fuertes emociones cuando se sabe el diagnóstico. Muchos lo hacen a través del llanto o el enojo. Puede ser que “cuides” a la persona estando enojado y así desencadenar momentos de gritos lastimando a la persona. El desahogo es natural, pero el control también. 
-       Felicidad: Puede que las personas que cuidan al paciente con enfermedades mentales hayan olvidado este término. Sin embargo se recomienda que se celebren los ratos de felicidad sin pensar en el mañana.  
-       Cuidado: Muchas veces, el dolor que sufre el cuidador del paciente (generalmente son las madres) disminuye a través del sobrecuidado que le da al paciente.  
-       Emociones: Las enfermedades mentales despiertan un sinnúmero de emociones y percepciones, por lo tanto la familia debe reaccionar de una manera moderada. Es importante que el paciente no se sienta abandonado, pero debe encontrarse el equilibrio entre el respeto y amor a todos los miembros de la familia.
Se recomienda solicitar ayuda de familiares, amigos y profesionales ante cualquier situación que involucre a un familiar con alguna enfermedad mental.




Videos:


-¿Cómo Ser Felíz?





(Sofistas y Sócrates) ¿El conocimiento nos conduce a la felicidad? ¿Es más feliz quien más conoce? ¿es más libre? ¿es mejor persona?


A todas esas preguntas la respuesta es NO....
-El conocimiento nos ayuda a vivir y al saber pero no tiene nada que vez con la felicidad... una para ser feliz no esta toda su vida estudiando sino que se enamora,se rodea de buenos amigos etc etc...
-Una persona que tengas 6 carreras no tiene porque ser mas feciz que un electricista es mas.... el electricista puede tener una familia y es super-feliz a lo que ha llegado mediante su esfuerzo mientras en el de las 6 carreras puede estar mas solo que un 1 y este amargado...
-Quiza el que mas sepa mas libre puede ser porque puede saber acctuar mejor que uno que no sepa.
-Por supuesto que no es mejor persona... conozco gente que son "unos cafres" y son buenisismas personas


  • Observaciones: En este post he querido adjuntar una pregunta de D. Fernando Lopez, tutor y profesor de filosofía, En su pagina "Filosofiesta" con la respuesta de un cibernautico haciendose llamar, Krauss. ME ha parecido coherente poner esta entrada ya que hace referencia al tema que intentamos tratar y "solucionar con nuestri oroyecto : La felicidad. 
RISOTERAPIA:
Se conoce como risoterapia a una estrategia o técnica psicoterapéutica tendiente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No puede considerarse unaterapia, ya que no cura por sí misma enfermedades, pero en ciertos casos logra sinergias positivas con las curas practicadas. Se trata en general que las sesiones de risoterapia se practiquen en grupo aprovechando el contagio de persona a persona, ya que reír en grupo no es lo mismo que hacerlo solos: de esta forma el efecto grupal estimula a los que normalmente no reirían.
Es importante aprender a reírse de uno mismo, de las capacidades limitadas del ser humano y de la vida.
La sociedad enseña a reírse de los demás en lugar de hacerlo con los demás. La risoterapia ayuda a desdramatizar las situaciones de la vida, desarrollando el espíritu competitivo y optimista. Por eso las personas que realizan risoterapia aprenden a tener una mejor visión de sí mismos, de su entorno y de sus posibilidades.
Lo básico que se debe hacer es reírse un minuto durante tres veces al día. Aunque eso parezca muy poco es lo esencial para que una persona tenga una mayor calidad de vida, siendo la risa la mejor medicina preventiva sin ninguna contraindicación.

¿Qué es la Risoterapia?

La Risoterapia es una hermosa puerta para lograr la relajación, abrir nuestra capacidad de sentir, de amar, de llegar al silencio, al éxtasis, a la creatividad, sencillamente utilizando la risa como camino.
Se utilizan técnicas que ayudan a liberar las tensiones del cuerpo y así poder llegar a la carcajada, entre ellas: la expresión corporal, el juego, la danza, ejercicios de respiración, masajes, técnicas para reír de manera natural, sana, que salga del corazón, del vientre, de un modo simple como los niños.

¿En qué se basa la Risoterapia?

Científicamente, se ha comprobado que la risa franca, la carcajada, aporta múltiples beneficios: rejuvenece, elimina el estrés, tensiones, ansiedad, depresión, colesterol, adelgaza, dolores, insomnio, problemas cardiovasculares, respiratorios, cualquier enfermedad. Nos aporta aceptación, comprensión, alegría, relajación, abre nuestros sentidos, ayuda a transformar nuestros pautas mentales.
Recientes estudios sobre la capacidad de las carcajadas para combatir todo tipo de enfermedades indican que mientras reímos liberamos gran cantidad de endorfinas, responsables en gran parte de la sensación de bienestar.

¿En qué nos puede ayudar la Risoterapia?

Se utiliza la risa con el fin de eliminar bloqueos emocionales, físicos, mentales, sexuales, sanar nuestra infancia, como proceso de crecimiento personal. Se crea un espacio para estar con uno mismo, vivir el aquí y ahora, estar en el presente, ya que cuando reímos es imposible pensar, nos ayuda a descubrir nuestros dones, abrirnos horizontes, vencer los miedos, llenarnos de luz, de fuerza, de ilusión, de sentido del humor, de gozo y aprender a vivir una vida positiva, intensa, sincera y total, como los niños.
Después de una sesión de dos horas, es inevitable sentirse pleno, amoroso, tierno, alegre, vital, energético y un sinfín de sentimientos positivos. Parece mentira cómo un método tan sencillo como es la risa puede aportarnos tanto: la risa es Magia, es Alquimia, es la mejor medicina.
"La vida es en su totalidad una gran broma cósmica. No es algo serio, tómala seriamente y la perderás. Compréndela únicamente a través de la Risa". OSHO.

Origen y evolución de la Risoterapia

Diferentes corrientes filosóficas conocen desde hace siglos la importancia de la risa y el sentido del humor y lo promueven de manera práctica.
Hace más de 4000 años en el antiguo imperio chino, había unos templos donde las personas se reunían para reír con la finalidad de equilibrar la salud. En la India también se encuentran templos sagrados donde se puede practicar la risa.
En culturas ancestrales de tipo tribal, existía la figura del "doctor payaso" o "payaso sagrado", un hechicero vestido y maquillado que ejecutaba el poder terapéutico de la risa para curar a los guerreros enfermos.
Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa, algo que ha sido científicamente demostrado al descubrir que el córtex cerebral libera impulsos eléctricos negativos un segundo después de comenzar a reír. En los últimos 30 años se ha avanzado mucho en la aplicación de la risa como terapia.
En los años 70, un doctor californiano aplicó la alegría y el buen humor como apoyo en la recuperación y tratamiento de enfermedades, obteniendo beneficiosos resultados. A partir de entonces se comenzó a utilizar la técnica de la terapia de la risa en hospitales de EEUU, Suiza, Alemania y Francia.

" Se puede alcanzar la felicidad
entrenado la mente.

Si se carece de disciplina interna, no importan


las posesiones o condiciones externas, 

estas nunca proporcionarán alegría,

 ni sensación de felicidad. 


Si la felicidad dependen solo del placer físico
e inestable, un día existe, al siguiente desapareció.



Alcanzar la verdadera felicidad exige 
producir una transformación en la perspectiva, 
la visión y la forma de pensar. 
Aprender a enfocar, descubrir y aceptar 
el valor positivo que existe en todo y todos. 

Los estados positivos de la mente actúan 
como antídoto para los estados negativos. 

Si vives contento, lo material pierde importancia. 
Basta cubrir las necesidades básica de subsistencia.

El sufrimiento es algo natural, 
inherente a la vida. 

Si pensamos en él como algo antinatural 
que no debiéramos experimentar, 
muy pronto buscaremos culpables 
y nos sentiremos víctimas. 

Es importante asumir la transitoriedad de todo. 
Lo placentero y doloroso, no son estados permanente. 

La aceptación de la inevitabilidad del cambio 
 nos ayuda a afrontar los problemas. 
Comprender y aceptar los cambios evitará la ansiedad. 

Para producir cambios positivos, es necesaria convicción, 
determinación, acción y esfuerzo. El cambio es posible.


Las personas mejor educadas incrementan su autoestima,
cuentan con mayores habilidades y estrategias 
para solucionar problemas. 

Tendemos a achacar nuestros problemas 
a los demás o a factores externos, 
si analizamos objetiva y  honestamente, 
el problema suele comenzar en nosotros.


Las causas profundas de sufrimiento son 
la ignorancia, el anhelo y el odio. 

Todos los pensamientos destructivos 
son distorsiones apoyadas en percepciones erróneas 
y emociones basadas en la ignorancia. 


La cólera o el odio intensos, 
obnubila la mejor parte del cerebro, 
la capacidad para juzgar lo correcto o equivocado  
y  sus consecuencias a corto y largo plazo. 

El dolor obliga al organismo a afrontar el problema. 

La generosidad aumenta si se practica la paciencia y 
tolerancia haciendo que fluya de manera natural la compasión 
hasta con el enemigo. Conseguido aquí, el resto será fácil. 

La preocupación no sirve a ningún propósito útil, 
resquebrajar la felicidad e interfiere en la capacidad 
para alcanzar objetivos. 

Aprender a contemplar los aspectos más sutiles de la vida 
  nos ayudará a comprender la verdadera naturaleza de la realidad. 

La necesidad humana, universal e inconsciente 
es fundirse con el otro, derribar  fronteras, 
llegar a ser uno solo con el ser querido.
Esto se conoce como
“el hundimiento de las fronteras del ego”. 


Para servir y darse a los demás, 
hay que tener gran seguridad en uno mismo. 
La inseguridad interior genera desconfianza, 
dependencia, soberbia, servilismo e... infelicidad. 

El camino para una buena salud emocional 
se reduce a tres verdades fundamentales: 
Soy un ser humano, deseo ser feliz y no quiero sufrir. 
El resto de los seres humanos desean lo mismo..."
El ritual de la felicidad.ritual felicidad
¿Que es la filosofia para las personas?

Y la filosofía, que por definición, por etimología y por esencia, se describe a sí misma como amor a la sabiduría, tiene el objetivo fundamental de enseñarnos a pensar, a discurrir con la cabeza, a formar criterio, a tener espíritu crítico y, por lo tanto, a tener personalidad, a saber discutir con argumentos. Forma mucho a la persona. La filosofía es la disciplina que nos ayuda a buscar la verdad con el único concurso de la razón natural. Porque la mayoría de las grandes cuestiones (por no decir todas) que preocupan siempre a la humanidad han sido pensadas y abordadas ya por los filósofos: cada uno ha dado su respuesta, ha sido rebatido, matizado, defendido o ampliado por otro, y conocer todo esto nos ayuda enormemente a amueblar nuestra propia cabeza, a formar nuestras propias ideas y actitudes con lo mejor de los argumentos de unos y de otros. Prácticamente todas las ideas de uno y otro signo que encontramos hoy en la calle, más escépticas, optimistas, etc., han sido dichas y discutidas también años atrás (o siglos atrás) por los filósofos, de modo que conocerlas todas nos aporta una poderosa arma para la dialéctica, esto es, para saber discutir con precisión e, incluso, para superarlas con nuestro propio pensamiento. De manera que si usted desea ser un buen retórico o un buen dialéctico, a lo mejor tiene que empezar por ser un poco filósofo, por conocer bien la filosofía.

        Saber de filosofía, además, puede ayudar también a tener una peculiar "filosofía" (o sabiduría) de la vida, porque nos ha cautivado el modo de enfocarla que tenía con su pensamiento de fondo tal o cual autor. "Se toma las cosas con filosofía", solemos decir, pero es que resulta verdadero que la filosofía aporta un anclaje ideológico serio que nos puede dar resortes fuertes para vivir. La filosofía nos da sabiduría y, por ello, puede aportar calma. No digamos nada para el que es creyente cristiano, pues la filosofía es como las cuatro patas en las que se apoya la mesa de la teología: proporciona un soporte racional serio para la fe, aunque ésta no pueda circunscribirse del todo a la razón, ya que va más allá. Si fe y razón se complementan, filosofía y teología también.
        Se echa en falta hoy en día personas con personalidad, con criterio propio, con espíritu crítico, que no se dejen influir fácilmente por las opiniones del ambiente, por la moda o los lobbys del momento, que no sean veletas. Nos faltan personas admirables, no maleables, que actúen por convicciones serias, profundas, y no por el viento que sopla en cada instante. A esto ayuda la filosofía. Nos hacen falta, en suma, filósofos, sabios y poetas que nos lideren en la búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza, conceptos que parecen estar en crisis dentro de nuestro mundo. De hecho, alguien ha comentado que nunca como hoy se percibe la conciencia del fin de una época, pues nadie cree en nada, no hay cosas fijas, todo vale y da igual, todo es relativo, hay un profundo escepticismo con una cierta tristeza de fondo que hace que los tiempos actuales sean débiles y vulnerables. Hemos pasado, dicen, de la llamada modernidad(con su optimismo basado en la fe ciega en el progreso de la ciencia, la nueva religión del momento) a la llamada post-modernidad, que tiene un enorme pesimismo de fondo, porque se piensa que no hay verdades absolutas: ni siquiera la ciencia ha colmado todas las expectativas que muchos habían puesto en ella, pues bien saben los científicos que cada respuesta conlleva otras preguntas que hay que resolver, por lo que la ciencia no puede agotar toda la verdad. Por eso, necesitamos volver de nuevo a las raíces, a la verdadera filosofía, a la verdadera sabiduría, que nos aporte resortes realistas, serios, fuertes, fundados en la persona; que forje nuestro criterio, nuestros valores, nuestra personalidad e, incluso, diría, nuestro optimismo. Por lo tanto, ¿filosofía para qué? Filosofía para ser persona, filosofía para vivir. No la dejemos de lado.

16 consejos para ser feliz

1. Ponte metas alcanzables.

2. Sonríe naturalmente.
3. Comparte con los demás.
4. Ayuda al prójimo.
5. Mantén el espíritu joven.
6. Sé simpático con el rico, con el pobre, con el bueno y con el malo
7. Conserva la calma cuando estés bajo presión.
8. Haz el ambiente menos tenso con tu simpatía.
9. Perdona las molestias que te causen los otros.
10. Son pocos los amigos de verdad.
11. Coopera y obtendrás grandes resultados.
12. Disfruta los dulces momentos con tu pareja.
13. Ten confianza en ti mismo.
14. Respeta a quien pasa por momentos difíciles.
15. Descansa y navega un rato
16. Asume riesgos friamente calculado
s


"Cómo ser feliz" según las diferentes religiones.

Es sumamente interesante comprobar como las principales creencias religiosas del mundo coinciden al abordar el tema de la felicidad; con diferentes nombres y presentaciones, pero en esencia lo mismo. Básicamente, para el hinduismo, el budismo, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, la felicidad consiste en hacer lo correcto, lo justo, en vivir haciendo el bien a los demás, a cultivar hábitos como el trabajo, la honestidad y la generosidad. Todas las religiones enseñan a sus fieles a desechar la mentira, el robo, los vicios, porque destruyen la vida y acarrean desgracias.
No hay que pensar mucho para darse cuenta que si hiciéramos el bien nos evitaríamos muchas aflicciones y problemas en nuestra sociedad. Para el hinduismo y el budismo esto significa conseguir buen karma. Para el judaísmo la felicidad consiste en obedecer los 613 mandamientos dados por Dios. Para el cristianismo es un asunto de ser fiel a Cristo y para el islamismo, seguir las enseñanzas del profeta Mahoma.
Así mismo, estas religiones, (a excepción del Budismo que carece de un dios-persona); consideran que el bien máximo, la más grande felicidad consiste en tener unidad y/o comunión con el Ser Supremo conceptuado según la creencia como el dios Brahmán; Jehová (Yahveh), el Padre, o Alá. Lo que revela que el ser humano, independiente de su origen, cultura y época, sabe en su interior, conoce por su conciencia, que la desdicha proviene de alejarse de lo bueno, del Bien, del Creador.

La semejanza más notoria respecto a cómo ser feliz, se da entre el judaísmo y cristianismo; obviamente porque tienen en común la Torá (el Antiguo Testamento para los cristianos). Ambas consideran que en esta vida la felicidad se obtiene por medio de la obediencia a Dios, por un claro convencimiento que su voluntad es lo mejor para nosotros. Sin embargo difieren en lo que respecta a la verdadera felicidad plena y eterna: En el judaísmo ésta se consigue por medio de las buenas obras. En el cristianismo, aunque en principio coincide en lo mismo, reconoce que en la práctica es imposible*: “No hay justo ni aún uno”, “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, así que la comunión con Dios se obtiene por un mediador: Jesucristo, quien siendo el único Justo y el único que ha resucitado, puede unirnos a Dios al confiar en él, para recibir la vida eterna, la suprema felicidad.

En esta vida, cualquiera que practique el bien le irá mejor, vivirá en paz consigo mismo y los demás sea hindú, budista, judío, cristiano o musulmán. Pero mientras en este mundo exista injusticia, dolor, enfermedad y muerte ninguno de ellos podrá experimentar verdadera dicha y felicidad. Es necesario que se hagan las cosas de nuevo. Dios las va a hacer. Serán eternas. Y para participar en su nueva creación, todos necesitamos a Jesucristo. Desde el punto de vista hindú: Jesús es quien tiene el poder de unirnos a la verdadera “alma universal”, a Dios, por medio de su Espíritu. Desde el énfasis budista: Jesús es quien puede darnos victoria sobre los malos deseos y apegos dañinos al mundo. Siendo judío, Jesús vino a cumplir la Ley, y la cumplió dándole su real significado sin faltar a ninguno de ellos. Al unirnos a él por medio de la fe podemos ser declarados justos y tener “paz para con Dios”. Ciertamente los que profesan ser cristianos no son todos felices (la mayoría no lo es), y esto porque son sólo nominales y no verdaderos creyentes. Cristo ofrece a sus fieles seguidores saciar su 'sed', tal así que “de su interior correrán ríos de agua viva”. Porque lo que realmente cuenta no son las formas, rituales ni cultos. Sólo hay un Dios Supremo, y a él se llega desde el corazón, con sincero arrepentimiento y fe. Al igual que el profeta Mahoma, a lo largo de los siglos, muchos han buscado seguir las verdaderas enseñanzas de Jesús, (de quien El Corán dice es “la palabra de Dios” y “un espíritu proveniente de él”, capaz de sanar y resucitar a los muertos por el poder de Dios), pero no muchos lo han logrado pues tropezaron en el mal ejemplo de los que se autodenominan cristianos. Sin embargo, Cristo es muy diferente a Cristianismo. Entendiendo eso, se puede ser feliz en él. Jesús dijo*: “Bienaventurado (feliz, dichoso) es aquel que no halle tropiezo en mí”. 

http://ateismoparacristianos.blogspot.com.es/2011/10/noticias-sobre-religion-y-felicidad-los.html

Los efectos de la religión en la felicidad

Publicado
Publicado por Eduardo Robredo Zugasti en http://www.revolucionnaturalista.com
La justificación de la religión basada en su utilidad personal y social es un rasgo muy fuertemente asociado con la secularización. Un argumento estrella de este tipo de “apologética” moderna es que la religión hace más feliz a las personas. Y aparentemente sólo un insensato (como el del salmo 14) rechazaría ser más feliz.
La asociación entre religión y felicidad es, sin embargo, sumamente variable entre países, tal como confirma un artículo de Jan Eichhorn (vía Epiphenom), de la universidad de Edinburgo, que ha estudiado los efectos que tiene la religiosidad sobre la satisfacción vital en 43 países europeos, y en EE UU, Australia y Nueva Zelanda. Eichhorn ha hallado que los efectos positivos de la religiosidad sobre la felicidad, cuando tienen lugar, están estrechamente relacionados con las creencias dominantes de la sociedad.
Las personas que dan más importancia a Dios, sin embargo, son más felices cuando viven en un país donde los demás también lo hacen. Además, su felicidad también es mayor cuando hay muchas personas que asisten a los servicios religiosos.
Dado que lo contrario no es el caso -las personas que acuden a los servicios más a menudo no son más felices cuando la media en la importancia de Dios es mayor-, parece que la felicidad a través de la religiosidad puede derivarse principalmentede la conformidad con el standard de la comunidad, en particular con el standard visible.
En términos más prosaicos, el conformismo social parece una buena estrategia para lograr la felicidad, y si el conformismo social está asociado con la religiosidad, lo más probable es que la religión te haga más feliz. Este efecto benéfico no se produce cuando vivimos en sociedades altamente seculares o donde la importancia de las creencias religiosas es menor.

La religión genera felicidad gracias a ciertos factores sociales

El bienestar que se deriva de la religiosidad depende de la cantidad de personas con las que se comparten las creencias personales, revela un estudio


Los resultados de un estudio realizado en la Universidad de Edimburgo revelan que la religiosidad puede hacer que la gente se sienta más feliz, pero sólo en aquellos casos en los que el grado de religiosidad individual se ajusta al grado de religiosidad de la sociedad. Según el autor de la investigación, la gente es más feliz cuando se encuentra en un grupo social afín a sus propias creencias religiosas. Dado que la población religiosa es significativa en la mayoría de los países, ésta podría ser la razón principal de la tendencia de las personas religiosas a ser más felices que las no religiosas, una tendencia que había sido constatada en estudios previos. Por Yaiza Martínez.


Un estudio realizado por el sociólogo Jan Eichhorn, de laUniversidad de Edimburgo, en Escocia, ha revelado que la relación entre religiosidad y felicidad individual, señalada por estudios anteriores, depende del grado de religiosidad de cada sociedad.

Según publica Epiphenom, la investigación de Eichhorn comprendió un total de 43 países, la mayoría de ellos de Europa, aunque también fueron incluidos en ella Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.

Como en otras investigaciones, Eichhorn descubrió que, como media, y tras tener en cuenta otros factores, las personas religiosas (consideradas así en función de sus creencias e implicación religiosas) tendían a ser más felices.

Creencias personales y media social de religiosidad

Por otra parte, Eichhonr analizó también la interacción entre las creencias personales y la media de religiosidad en cada uno de los 43 países estudiados. Los resultados de este análisis arrojaron resultados curiosos.

Por ejemplo, el estudio constató que tener creencias religiosas fuertes no estaba relacionado con la felicidad individual, en aquellos países donde las creencias religiosas profundas eran compartidas sólo por grupos minoritarios de personas o en los que una pequeña proporción de la población asistía a servicios religiosos.

Eichhorn señala que, por otro lado, las personas que le dan una gran importancia a Dios son más felices cuando viven en un país en el que comparten ese nivel de religiosidad con muchos otros.

Además, cuando en un país mucha gente asiste a servicios religioso regularmente, la felicidad de las personas religiosas que en él viven también es más alta. Si la situación no es ésta, el grado de felicidad de las personas religiosas cambia.

Una cuestión social

A partir de estos resultados, Eichhorn concluye que la felicidad que aporta la religiosidad se derivaría, principalmente, de la coincidencia individual con el “estándar” religioso de cada país, en particular con el patrón visible de religiosidad de cada nación.

En otras palabras, la gente es más feliz cuando se encuentra en un grupo social afín a sus propias creencias religiosas. Dado que la población religiosa es significativa en la mayoría de los países, ésta podría ser la razón principal de la tendencia de las personas religiosas a ser más felices, señala el investigador.

Jan Eichhorn. Fuente: Universidad de Edimburgo.
Jan Eichhorn. Fuente: Universidad de Edimburgo.
En un artículo publicado por la revista European Sociological Review, Eichhorn explica que para su estudio fueron utilizados los datos de la World Values Survey, un proyecto de investigación global que explora las creencias y valores de la población mundial, cómo cambian éstos con el paso del tiempo, y el impacto social y político que tienen estos cambios.

Los análisis de la World Values Survey han sido llevados a cabo desde 1981, y han consistido en encuestas nacionales representativas, realizadas en casi 100 países.

Este proyecto está considerado actualmente la única fuente de datos empíricos sobre las actitudes de la mayor parte de la población mundial (casi el 90% de ésta). Por otro lado, Eichhorn aplicó en su estudio un modelo lineal jerárquico de control de factores socio-económicos relevantes.

Con estas herramientas, el sociólogo determinó que la religiosidad personal parece estar asociada con altos niveles de satisfacción vital sólo en aquellas sociedades donde la religiosidad es también alta como media.

Eichhorn concluye que los mecanismos de conformidad social parecen ser los causantes de los niveles altos de felicidad de la población, y no el grado de religiosidad individual de sus habitantes.

El sentimiento de pertenencia

En los últimos años, diversos estudios han revelado que existe una relación positiva entre la religiosidad y el grado de satisfacción vital. Es el caso, por ejemplo, de una investigación realizada por el psicólogo del Albion College de Estados Unidos, Andrew N. Chisthoper, en 2006, o el de un estudio realizado, en 2010, por científicos de la Universidad de Berna, en Suiza, en el que se constató que las religiones pueden reducir los casos de suicidio.

Las conclusiones de Eichhorn sobre las causas del vínculo entre bienestar y religiosidad coinciden en parte con las extraídas en otro estudio, realizado a finales de 2010 por científicos de la Universidad de Harvard, cuyos resultados sugirieron, igualmente, que el efecto de las religiones sobre la felicidad individual tendría un componente social.

En este caso, los investigadores de Harvard constataron que la religiosidad promueve el bienestar humano gracias a que permite el establecimiento de relaciones sociales íntimas, entre personas de creencias y actitudes religiosas similares.

La posibilidad de establecer relaciones en congregaciones y centros religiosos conferiría así a la religión un valor social. Estas relaciones fomentarían el sentimiento personal de pertenencia a una comunidad, un sentimiento que se sabe aumenta el bienestar humano.

EL CRISTIANISMO Y LA FELICIDAD
Extracto de la ponencia de Juan Martín Velasco en el Foro de Profesionales Cristianos de Madrid*
FORO DE PROFESIONALES CRISTIANOS, pxmadrid@telefonica.net
MADRID.

¿Qué podemos hacer los cristianos, qué podemos aportar a la búsqueda de la felicidad en nuestro tiempo?
ECLESALIA, 12/03/10.- Vivimos en un clima cultural en el que predomina la desesperanza y es que han ido fracasando uno tras otro los proyectos ideados para encontrar una solución al problema del deseo humano de felicidad. La ilustración no ha cumplido sus promesas, el marxismo que prometía un mundo justo y nada menos que un paraíso en la tierra, ha fracasado, seguramente por la estrechez de sus presupuestos ideológicos, basados en el materialismo, y por la brutalidad de su aplicación en los países que han estado bajo su dominio. A algunos les pareció que, tras el fracaso del socialismo real, el mercado abandonado a sus leyes propiciaría el crecimiento económico indefinido, que multiplicaría los bienes y facilitaría el acceso a ellos a los pueblos hasta ahora marginados; hoy, la crisis nos lo muestra con toda claridad, constatamos que la distancia entre pobres y ricos se hace cada vez mayor, que el crecimiento tiene unos límites y que por tanto también el mercado ha defraudado las esperanzas que algunos habían puesto en él. ¿Qué podemos hacer los cristianos en esta época de desesperanza?
1. Yo creo que lo primero es mirar hacia nosotros y hacer autocrítica, tomar conciencia de los errores anteriores y actuales, justamente en relación con el problema de la felicidad. ¿Por qué si el cristianismo posee principios capaces de transformar la existencia, si la esperanza y el amor constituyen una verdadera fuente de felicidad para los creyentes, como sucedió al principio del cristianismo, por qué nos vemos los cristianos también anegados en la civilización del deseo, en las sociedades del hiperconsumo y en todas las contradicciones que eso supone para la concepción cristiana del hombre, de la sociedad y de su destino?
La primera razón es que nos llamamos cristianos, porque mantenemos elementos del cristianismo, creencias, prácticas, formas diluidas de pertenencia a la Iglesia… pero nuestro cristianismo es más, en conjunto y sin ofender a nadie, un cristianismo de bautizados que de convertidos. No creo ser demasiado pesimista si reconozco que las comunidades cristianas actuales estamos lejos de vivir personalmente la fe que decimos poseer y conservar, si digo que creemos, con la fe reducida a creencia, pero no somos verdaderamente creyentes en Dios, en Cristo, confiando incondicionalmente en Él. Esto explicaría que nuestra condición de creyentes no irradie la alegría de las bienaventuranzas, de Maria, de los discípulos o de aquellas primeras generaciones de cristianos.
2. Para estar en disposición de recuperar las fuentes cristianas de la felicidad yo creo que necesitaríamos en primer lugar revitalizar y personalizar nuestro ser cristiano, haciendo efectiva la experiencia de la vida teologal, eso que se ha dicho tantas veces: o somos místicos o no podremos ser cristianos. Porque la actitud teologal, la fe-esperanza y caridad suponen una nueva forma de vivir en la que el hombre, superando las formas de vida desperdiciada, -la evasión, el divertimiento y tantas otras formas- llega al fondo de sí mismo y tratando de remontar el curso de su vida, que él percibe que no se ha dado a sí mismo, admite, reconoce, acepta: “todas mis fuentes están en ti”, refiriéndose, naturalmente a Dios. Creer en el Dios Padre creador es, en su centro mismo, vivir en la esperanza y de la esperanza. Y la esperanza es, en una expresión de Miguel García-Baró, “la certeza difícil, profundamente dichosa, de que lo mejor tendrá, tiene ya ahora, la última palabra. Es pues vivir en la certeza de que la propia vida procede del manantial de amor que reconocemos como Dios y en la certeza igualmente dichosa de que la semilla de ser que la presencia de Dios siembre en nosotros se impondrá a todos los peligros, a todos los pesares, incluso a las catástrofes que pueda comportar nuestra vida”.
Pero necesitamos también recuperar la vocación terrena, mundana, de nuestro ser cristiano, tal como la describió, después de siglos de olvido, el Vaticano II en esa preciosa Constitución sobre la Iglesia en el Mundo actual.
3. Los rasgos de la felicidad cristiana
3.1. Recuperada la raíz de la experiencia cristiana en la vida de los cristianos, florecería de nuevo la alegría que el Nuevo Testamento atribuye a los creyentes. Me parece además que de ahí surgiría una felicidad con rasgos originales, los propios de la felicidad cristiana, por ejemplo: su condición de felicidad teologal, la fe esperanza cristiana es fe-esperanza en Dios por la que el cristiano se fía de Dios y se confía a Dios, con todo el poder que la confianza en Dios tiene para derribar del corazón de los creyentes todos los ídolos que constantemente estamos fabricando: el de los bienes objeto de posesión y consumo, el del placer erigido en finalidad de la vida, el del vano honor, la vana gloria y el cultivo de la propia imagen, y por encima de todo, el del egoísmo que nos encierra en el círculo estrecho de nosotros mismos y los nuestros y nos hace ignorar a los otros y pasar indiferentes ante sus sufrimientos.
3.2. Tengo la impresión de que los cristianos, por no haber experimentado de verdad el ser creyentes, no hemos descubierto la felicidad que comporta consentir a la fuerza gravitatoria del amor de Dios en nosotros y ser testigos de la liberación de energías en nuestro interior que se sigue de ese consentimiento. Creer, confiar en Dios y consentir a su amor con la incondicionalidad de toda relación que se refiere a Dios, abre la posibilidad a otro rasgo característico de la felicidad que se sigue de creer: sólo se puede creer incondicionalmente como Abraham, como María, contra toda esperanza, es decir, contra todas las aparentes razones para no confiar o para desesperar. Y es que confiar en Dios no es reunir todos nuestros esfuerzos para dar el salto hacia Él, sino abandonarse a su fuerza de atracción que es infinitamente superior a la que puede ejercer en nosotros la gravedad que nos lleva a querer salvarnos a nosotros mismos o a confiar en cualquiera de los seres mundanos.
3.3. La condición teologal del fundamento de nuestra felicidad hace que ésta no se vea amenazada por nada, ni siquiera por la muerte. Como dice el texto de Job -en la antigua traducción de la Vulgata- “Aunque me mates, confiaré en ti”.
3.4. Afirmada en este fundamento, la felicidad de la fe permite descubrir otros rasgos característicos. Por ejemplo, el Dios trascendente en el que creemos rompe la atracción que ejerce en nosotros nuestro yo y el mundo en el que vivimos, el Dios creador que es “Dios mío” para cada ser humano, no puede serlo mas que siendo a la vez el Dios de todos. Imposible por tanto decir “Dios mío” si en mi invocación no están incluidos todos. El proyecto de Dios que aceptamos cuando decimos “hágase tu voluntad” incluye a todos los hombres, por eso es imposible creer en Él, reconocer su amor e ignorar a los otros. Creer en Dios lleva consigo, como principio rector de la vida, el “no sin los otros, nada sin los otros”.
3.5. Otro rasgo de la felicidad cristiana es la primacía del amor. Dicen los escritos de Juan “Creemos en el amor que Dios nos tiene”. “Vivo de la fe en el hijo de Dios que me amó”, dice San Pablo. Todos sabemos que el amor es la sal de la vida, su sentido, por eso el amor está en la raíz de toda felicidad; ahora nos explicamos el fracaso de la civilización del deseo que hay que saciar por la posesión y el consumo de bienes porque el amor comporta ciertamente deseo pero lo trasciende en la donación regida por la ley de la gratuidad; la originalidad del amor como centro de la vida explica la originalidad de la felicidad cristiana: hay más alegría en dar que en recibir, dice San Pablo en el Libro de los Hechos atribuyendo la expresión al mismo Jesús.
Felicidad cristiana, esperanza y sufrimiento
¿Es verdad que creer en el Dios de Jesucristo aporta alegría, auténtica alegría a la vida de los creyentes?, ¿qué clase de alegría es la que aporta? Porque es verdad que la Biblia se refiere a los creyentes como felices, al Dios en el que esperamos como el Dios que consuela, pero también es verdad que está llena de oraciones, como las de Jeremías, las del libro de las Lamentaciones, las de Job, como las de los autores de los salmos, la de Jesús mismo, en las que se dirigen a Dios desde el abismo del sufrimiento, desde el mayor abatimiento, desde la angustia, con oraciones que consisten en preguntas, en busca de explicación por lo que están viviendo, de queja por esa situación.
La esperanza no se identifica con el optimismo superficial que con una actitud mágica ante Dios hace de Él la respuesta inmediata a las preguntas humanas, pone en Él la satisfacción de nuestros deseos inmediatos. El Dios de la fe y de la esperanza cristiana no puede convertirse en objeto de ningún acto humano, es un Dios absolutamente trascendente, que no es ajeno al mundo pero tampoco se hace presente en él como un poder mayor o un ente supremo que lo rige o lo vigila desde fuera del mundo; precisamente por eso la fe requiere el trascendimiento de todo lo mundano y el descentramiento de sí mismo, por eso la esperanza solo está a la altura del Dios en el que confía cuando renuncia a todos los apoyos que puedan imaginarse para confiar; renunciar, como Abraham en el sacrificio de Isaac, a la prueba que Dios mismo le había dado como muestra de su fidelidad.
A partir de estas consideraciones se entiende que confiar cuando no se tiene ninguna razón aparente para hacerlo, que confiar contra toda razón, no es que sea el grado sumo de la esperanza, es que es la condición indispensable para que la esperanza sea esperanza teologal. Así entendidala esperanza no consiste en la convicción de que todo me va a ir bien en el futuro sino en la certeza oscura, en la confianza incondicional de que, suceda lo que suceda en mi vida, todo está bien porque mi vida entera está confiada a Dios.
Voy a terminar con una alusión a la “verdadera alegría”. Los textos más elocuentes sobre ella están en San Francisco de Asís, en sus mismos escritos y el capítulo VIII de Las Florecillas. Por ser más breve, remito a un texto de Santa Teresa del Niño Jesús, que sabéis que pasó por una prueba formidable al final de su vida, 18 meses en la más oscura de las noches espirituales, y escribe “a veces es verdad que el pajarillo –ella misma- se ve asaltado por la tempestad, le parece creer que no existe otra realidad mas que las nubes que lo envuelven. Entonces llega la hora de la alegría perfecta para el pobrecito y débil ser, qué dicha para él permanecer allí no obstante y seguir mirando fijamente a la luz invisible que se oculta a su fe”. Esta forma de alegría no es una anécdota en la vida de los creyentes, puede verse como la reproducción en ellos mismos del misterio pascual, de la vida, muerte y resurrección de Cristo. ¿Recordáis lo que decía Camus, “los hombres mueren y no son felices”? Jesús no nos ha salvado de esa condición humana expuesta al sufrimiento arrebatándonos al cielo y evitándonos la muerte, eso entraba dentro de la propuesta del tentador en el desierto. Él ha asumido nuestra condición hasta el fondo, pasando por el sufrimiento, el abandono y la muerte en la cruz y experimentando en sus carnes crucificadas y de resucitado la victoria definitiva del amor de Dios a la que nos asocia la esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).