FRASES FILOSÓFICAS A CERCA DE LA FELICIDAD
ARISTOTELES
1- La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
frase sobre Amistad
2- El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.
3- El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
4- Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.
5- Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.
6- La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica.
7- La esperanza es el sueño del hombre despierto.
8- No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad.
9- Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
10- Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
lunes, 28 de octubre de 2013
Parte contraria a la felicidad - Las depresiones.
Como es normal, cada parte positiva tiene que tener una cara negativa, en esta entrada vamos a hablar de las depresiones, que más o menos yo lo definiría como una falta de felicidad o de sentido de vivir.
Partimos de la base que la depresión no es un problema actual, sino que ha existido desde siempre considerándosela como un estado de ánimo pasajero en donde las personas que padecían este mal se les trataba de curar incluso con hierbas o se pensaba,( por los síntomas presentados ; cansancio falta de energía etc.), que eran flojos y que por tal no querían realizar ninguna actividad; hasta que Hipócrates comenzó a analizar este "estado de ánimo pasajero", el cual encontró y concluyó a ésta como una enfermedad la cual provenía de uno de los cuatro humores corporales (bilis negra) y fue a partir de entonces que se comenzó a dar más importancia a este trastorno.
A partir de entonces el término depresión fue evolucionando dando paso a que muchos investigadores interesados en la enfermedad formularan, de acuerdo a las características y síntomas en que se presentaba, su propia definición y explicación acerca del por qué se originaba este trastorno, una de las cuales es el desamparo aprendido, en donde se verá que esta teoría explica a nivel psicológico por qué se puede presentar una depresión cuando la persona se encuentra en determinadas circunstancias que aparecen en el ritmo de su vida o en la relación con los demás.
Las causas y síntomas que se presentan en una depresión son diversas y enfocadas a muchos aspectos; los diferentes autores que han tratado este tema generalmente sostienen que existen diversos tipos de causas por las cuales se origina una depresión al igual que características y síntomas que van desde factores genéticos, psicológicos, ecológicos y sociales, en donde los genéticos tienen una influencia importante; pero los factores psicológicos se puede decir que son los más importantes por el tipo de depresión grave que originan. Por otra parte también están los ecológicos, a veces el estrés, el ruido y otros factores llevan a un tipo de depresión simple, y por último; se encuentran las causas sociales que de igual forma son especialmente importantes ya que por naturaleza interactuamos socialmente siendo los lazos afectivos muy importantes para nosotros.
Al hablar de depresión es importante considerar qué pasa realmente en el mundo respecto a cifras; cuántas son las personas que padecen esta enfermedad y quiénes la padecen más, son preguntas que nos pueden ayudar a saber qué es y cómo se presenta una depresión para así tomar decisiones y actuar ante ésta.
Vivimos en un mundo altamente conflictivo, donde todos tenemos prisa por llegar cuanto antes, no se sabe a dónde, pero sí de la forma más rápidamente posible.
Las fuentes de la felicidad según el budismo
Alexander Berzin
Berna, Suiza, marzo 2010
Traducido por Sara Rojo
Berna, Suiza, marzo 2010
Traducido por Sara Rojo
La felicidad común: El sufrimiento del cambio
Algunas personas han calificado al budismo como una religión negativa que identifica todo lo que experimentamos como sufrimiento y no reconoce felicidad en absoluto. Esta, sin embargo, es una visión mal informada. Es cierto que el budismo habla sobre nuestra felicidad habitual, la felicidad como el sufrimiento del cambio. Esto significa que este tipo de felicidad es insatisfactoria: nunca dura y nunca tenemos suficiente de ella. No es verdadera felicidad. Si, por ejemplo, comer helado fuera verdadera felicidad, entonces cuanto más comiéramos de él en una sentada, más felices llegaríamos a ser. Pero pronto alcanzamos un punto en el que la felicidad de comer helado se torna en infelicidad y sufrimiento. Lo mismo es el caso al sentarnos al sol o movernos a la sombra. Esto es lo que significa el sufrimiento del cambio.
El budismo, sin embargo, proporciona muchos métodos para superar las limitaciones de nuestra felicidad común, este sufrimiento del cambio, para que alcancemos el estado eternamente gozoso de un buda. Sin embargo, a pesar de los inconvenientes de nuestra felicidad común, el budismo también explica las fuentes para conseguir esa clase de felicidad. El budismo proporciona esta enseñanza porque uno de sus axiomas básicos es que todo el mundo quiere ser feliz y nadie quiere ser infeliz. Y, ya que todo el mundo está buscando felicidad y, como seres comunes, no sabemos de ninguna otra clase de felicidad que no sea la común, la acostumbrada, el budismo nos dice cómo conseguirla. Sólo cuando ese deseo y necesidad de felicidad ha sido satisfecho en el nivel más básico de la felicidad común, podemos aspirar a niveles más profundos, más satisfactorios de ella, con avanzadas prácticas espirituales.
Lamentablemente, sin embargo, como el gran maestro budista indio Shantideva escribió en Involucrarse en el comportamiento del bodisatva (sPyod-‘jug, sct. Bodhicharyavatara) (I.28):
Aunque poseen la mente que desea evitar el sufrimiento,
Ellos corren precipitadamente dentro del sufrimiento mismo.
Aunque desean felicidad, producto de la ingenuidad (gti-mug, sct. moha),
Ellos destruyen su propia felicidad como si se tratara de un enemigo.
Ellos corren precipitadamente dentro del sufrimiento mismo.
Aunque desean felicidad, producto de la ingenuidad (gti-mug, sct. moha),
Ellos destruyen su propia felicidad como si se tratara de un enemigo.
En otras palabras, aunque deseamos la felicidad, somos ingenuos sobre sus fuentes y así, en lugar de crear más felicidad para nosotros mismos, creamos solamente más infelicidad y dolor.
La felicidad es una sensación
Aunque hay muchos tipos de felicidad, aquí enfocaremos nuestra atención en la felicidad común. Para entender sus fuentes, primero necesitamos tener claro qué entendemos por “felicidad”. ¿Qué es esta felicidad (bde-ba, sct. sukha) que todos queremos? Según el análisis budista, felicidad es un factor mental, en otras palabras, es un tipo de actividad mental con la cual somos conscientes de un objeto en una cierta forma. Es una parte de un factor mental más amplio llamado “ sensación” (tshor-ba, sct.vedana), que cubre un espectro que abarca una amplia gama, desde completamente feliz a completamente infeliz.
¿Cuál es la definición de “sensación”? Sensación es el factor mental que tiene la naturaleza de experimentar (myong-ba). Es la actividad mental de experimentar un objeto o situación de una forma tal que en realidad lo hace una experiencia de tal objeto o situación. Sin una sensación en algún lugar del espectro entre felicidad e infelicidad, no experimentaremos realmente un objeto o una situación. Una computadora asimila y procesa datos, pero una computadora no siente felicidad o infelicidad haciendo esto, una computadora no experimenta los datos. Esta es la diferencia entre una computadora y una mente.
Experimentar un nivel de felicidad o infelicidad acompaña tanto a la cognición de un objeto sensorial -una visión, sonido, olor, sabor, o sensación física, tal como placer o dolor-, como a la cognición de un objeto mental, tal como cuando pensamos en algo. No tiene que ser dramático o extremo. Puede ser a un nivel muy bajo. De hecho, cierto nivel de sentir felicidad o infelicidad acompaña cada momento de nuestra vida, incluso cuando estamos profundamente dormidos sin sueños, experimentamos esto con una sensación neutra.
La definición de felicidad
El budismo proporciona dos definiciones para felicidad. Una es definida en términos de nuestra relación con un objeto, mientras que la otra es definida en términos de nuestra relación con el estado de la mente de la sensación en sí misma.
- La primera define felicidad como la experiencia de algo de una forma satisfactoria, basado en creer que es de beneficio para nosotros mismos, aunque pueda o no serlo en realidad. Infelicidad es la experiencia de algo de una forma insatisfactoria, tortuosa. Experimentamos algo neutralmente cuando no es ni satisfactorio ni tortuoso.
- La segunda define felicidad como la sensación con la que, cuando ha cesado, deseamos encontrarnos una vez más. Infelicidad es la sensación que, cuando surge, deseamos separarnos de ella. Mientras que una sensación neutra es la sensación que, cuando surge o cesa, no tenemos ninguno de los dos deseos.
Las dos definiciones están relacionadas. Cuando experimentamos algo en una forma satisfactoria, la forma en que experimentamos el objeto es que el objeto, literalmente, “viene a nuestra mente” (yid-du ‘ong-ba, sct. manapa) de una forma satisfactoria. Aceptamos el objeto y éste permanece confortablemente como el objeto de nuestra atención. Esto implica que sentimos nuestra experiencia del objeto como algo beneficioso para nosotros: nos hace feliz; se siente bien. Debido a eso, queremos que el beneficio de esta experiencia continúe y, si cesa, querríamos que regresara. Coloquialmente, diríamos que disfrutamos del objeto y de la experiencia de él.
Cuando experimentamos un objeto de forma tortuosa, esta experiencia de infelicidad del objeto, literalmente, “no viene a nuestra mente” (yid-du ma-‘ong-ba, sct. amanapa) de una forma placentera. No aceptamos al objeto y no permanece en nuestra atención confortablemente. Sentimos que nuestra experiencia del objeto no es de beneficio y, de hecho, nos hiere. Queremos que termine. Coloquialmente, diríamos que no disfrutamos del objeto o de la experiencia de él.
Exageración de las cualidades de un objeto
¿Qué significa sentir comodidad con un objeto? Cuando estamos cómodos con un objeto, lo aceptamos tal como es, sin ser ingenuos, y sin exagerar o negar sus buenas cualidades o sus defectos. Este punto nos trae a la discusión las emociones perturbadoras (nyon-rmongs, sct. klesha; emociones aflictivas) y su relación con si experimentamos un objeto con felicidad o infelicidad.
Una serie de emociones perturbadoras son el deseo, apego y codicia. Con las tres, exageramos las buenas cualidades de un objeto. Con el deseo, queremos conseguir el objeto si no lo tenemos. Con el apego, no queremos perderlo cuando lo tenemos; y con la codicia, queremos más incluso cuando lo tenemos. Con estas emociones perturbadoras, tendemos a ignorar los defectos del objeto. Estos no son estados felices de la mente, debido a que no encontramos el objeto satisfactorio. Esto significa que no estamos satisfechos con el objeto. No lo aceptamos tal y como es.
Por ejemplo, cuando vemos a nuestra novia o novio al cual estamos muy apegados, podemos experimentar la visión con felicidad. Estamos satisfechos con ver a esa persona; lo encontramos satisfactorio. Pero tan pronto como nuestro apego surge en la medida en la que exageramos las buenas cualidades de la persona y de estar con él o ella, y exageramos las cualidades negativas de estar sin esta persona, entonces nos sentimos insatisfechos e infelices. No aceptamos la situación de ver la persona ahora y simplemente disfrutar del momento, sino que queremos más y tememos que él o ella se vayan. Consecuentemente, de repente, experimentamos el ver a nuestro amor con descontento, intranquilidad e infelicidad.
Otra serie de emociones perturbadoras son la aversión, el enojo y el odio. Con estas, exageramos los defectos o cualidades negativas del objeto y queremos evitarlo si no lo tenemos; queremos deshacernos de él cuando lo tenemos; y cuando cesa, no queremos que se repita. Estas tres emociones perturbadoras están normalmente mezcladas con miedo. Tampoco son estados felices de la mente, debido a que no estamos satisfechos con el objeto. No lo aceptamos tal y como es.
Por ejemplo, podemos tener una endodoncia. El objeto de nuestra experiencia es una sensación física de dolor. Pero si la aceptamos por lo que es, sin exagerar sus cualidades negativas, no seremos infelices durante el procedimiento. Podríamos experimentar el dolor como una sensación neutra: lo aceptamos durante el tiempo que dura el procedimiento, y mientras tanto no rezamos por salir de ello rápidamente; y cuando el dentista para de perforar, no deseamos que siga taladrando más. Tenemos ecuanimidad acerca del dolor de la perforación – ni repulsión, ni atracción, ni ingenuidad-. De hecho, durante el procedimiento, podríamos experimentar felicidad enfocándonos en el pensamiento de que estamos previniendo futuros dolores de muelas.
Tomen nota de que estar feliz o satisfecho con algo no excluye querer más o querer menos de algo, basado en la necesidad. Esto no nos hace inactivos de tal forma que nunca intentemos mejorar las cosas o mejorarnos a nosotros mismos o a nuestras situaciones de vida. Por ejemplo, podemos aceptar, estar satisfechos y consecuentemente estar felices con el progreso que hemos hecho llevando a cabo un proyecto de trabajo o en recuperarnos de una cirugía. Pero, basándonos en la necesidad, podemos aún querer hacer un progreso mayor sin ser infelices con lo que ya hemos conseguido. Lo mismo es el caso con la cantidad de comida en nuestro plato o la cantidad de dinero que tenemos en el banco, si de hecho la realidad es que no tenemos suficiente y necesitamos más. Sin exagerar los aspectos negativos de no tener suficiente comida para comer o dinero en el banco, o sin negar los beneficios de tener más, podemos esforzarnos en conseguir más comida o dinero sin ser infelices por ello. Si tenemos éxito, está bien; y si fallamos, está bien también, de alguna manera lo manejaremos. Pero aún así lo intentamos. Lo más importante, intentamos conseguir más, pero sin el vagabundeo mental de las especulaciones por el éxito o las preocupaciones por fallar.
Shantideva lo pone muy bien en su capítulo de la paciencia (VI.10):
Si puede ser remediado,
¿Por qué estar de un humor de perros por algo?
Y si no puede ser remediado,
¿De qué sirve estar de un humor de perros por ello?
¿Por qué estar de un humor de perros por algo?
Y si no puede ser remediado,
¿De qué sirve estar de un humor de perros por ello?
Conducta constructiva como la principal fuente de felicidad
A largo plazo, la principal causa de felicidad es una conducta constructiva. Esto significa abstenerse de actuar, hablar o pensar bajo la influencia de emociones perturbadoras tales como el deseo, apego, codicia, aversión, enojo, ingenuidad y demás, sin preocupación por el efecto a corto plazo de nuestro comportamiento en nosotros mismos y en otros. La conducta destructiva, como la principal causa de infelicidad, es no abstenerse de ese tipo de comportamiento, sino más bien dedicarse a él. Por ejemplo, con un deseo anhelante, exageramos las buenas cualidades de un objeto en un almacén e, ignorando las consecuencias legales, lo robamos. Con enojo, exageramos las cualidades negativas de algo que nuestra pareja ha dicho e, ignorando el efecto que tendrá sobre nuestra relación, le gritamos y le decimos palabras crueles.
Actuar, hablar y pensar mientras nos abstenemos de estar bajo la influencia de las emociones perturbadoras construye el hábito de abstenerse de estar bajo tal influencia en el futuro. Como resultado, si una emoción perturbadora surge en el futuro, no actuaremos en base a ella y, finalmente, la fuerza de las emociones perturbadoras se debilitará y finalmente la emoción perturbadora difícilmente surgirá. Por otro lado, cuanto más actuemos en base a las emociones perturbadoras, más surgirán en el futuro y más fuertes serán.
Como hemos visto, cuando experimentamos un objeto con felicidad, lo experimentamos sin las emociones perturbadoras de ingenuidad, deseo, apego, codicia, aversión, o enojo. Nuestra experiencia del objeto está basada en aceptar su naturaleza real tal y como es, sin exagerar o negar sus buenos o malos puntos. Esta forma de experimentar las cosas, entonces, proviene del hábito de la conducta constructiva con la que actuamos, hablamos y pensamos de la misma manera basada en aceptar la naturaleza real de lo que la gente o cosas o situaciones son, sin exagerar o negar sus buenos o malos puntos.
Las circunstancias para que los potenciales para la felicidad maduren
Nuestra forma de experimentar objetos o pensamientos, con felicidad o infelicidad, no está determinada, entonces, por el objeto o pensamiento en sí mismo. Como hemos visto, si con nuestra conducta previa a largo plazo hemos construido el hábito de abstenernos de exagerar o negar los aspectos positivos o negativos de estas cosas, podemos experimentar incluso el dolor de tener una endodoncia con un estado mental feliz. Volviendo a la definición de felicidad, experimentamos el procedimiento de una forma satisfactoria, basándonos en creer que es de beneficio para nosotros.
Aunque podríamos haber construido el hábito de abstenernos de actuar, hablar o pensar bajo la influencia de emociones perturbadoras y así construir el potencial para experimentar los objetos y pensamientos con felicidad, aún así son necesarias ciertas circunstancias para que ese potencial madure en una experiencia de felicidad. Como hemos visto, el objeto de nuestra experiencia no necesariamente determina si lo experimentaremos con felicidad o infelicidad. Más bien, el experimentar un objeto con felicidad depende más plenamente de nuestra actitud de aceptar la verdadera realidad de lo que el objeto es, sin importar lo que el objeto pueda ser: la dolorosa sensación física de la endodoncia o la visión del ser amado. Así pues, nuestra actitud, nuestro estado mental, es crucial para el momento en el que sentimos felicidad o infelicidad, sin importar qué objeto estemos viendo, oyendo, oliendo, saboreando, sintiendo físicamente o pensando. También hemos visto que cuando aceptamos la realidad de lo que algo es y no somos ingenuos sobre ello, entonces no exageramos o negamos sus buenas o malas cualidades y así no experimentamos el objeto con deseo, codicia o apego, o con aversión o enojo. Por tanto, lo que ayuda a provocar la maduración de la felicidad en cualquier momento es estar libre de ingenuidad.
Ingenuidad
En cualquier momento dado de infelicidad, nuestra ingenuidad no está necesariamente limitada a ser ingenua acerca del objeto que experimentamos. La ingenuidad tiene una gama mucho más amplia. Puede estar también enfocada en nosotros mismos. Cuando experimentamos un problema con gran infelicidad, entonces con ingenuidad tendemos a estar fijados solamente en nosotros mismos y podríamos incluso pensar que somos los únicos que hemos experimentado este problema.
Tomemos el ejemplo de perder nuestro trabajo. La realidad es que hay millones de personas alrededor del mundo que han perdido sus trabajos y están ahora desempleadas. Podemos pensar sobre nuestra situación sin ser ingenuos sobre la impermanencia, por ejemplo. Recordemos que todos los fenómenos que surgen de causas y circunstancias serán afectados por más causas y circunstancias, y finalmente terminarán. Eso puede ser muy útil. Pero incluso más efectivo es expandir las posibilidades de nuestros pensamientos hasta incluir, no sólo a nosotros mismos, sino también a todos los que tienen el problema de haber perdido su trabajo, si esto les ha ocurrido a ellos. Necesitamos pensar, “este no es sólo un problema mío; es el problema de una enorme cantidad de personas. Yo no soy el único que necesita una solución; todos los demás necesitan también una solución. Todos necesitan superar tal problema y la infelicidad”. Esa es, de hecho, la realidad.
Con esta forma de pensar, que es sin ingenuidad, desarrollamos compasión (snying-rje, sct. karuna) por otros, más que regodearnos en la autocompasión. Nuestra mente ya no está tan estrechamente centrada sólo en nosotros mismos, sino que está mucho más abierta a pensar en todos los demás que están en una situación similar. Con el deseo de ayudarles a superar sus problemas también, nuestros propios problemas individuales disminuyen en importancia y desarrollamos valor y fortaleza para tratar con ellos de una manera objetiva. Nosotros de ninguna manera queremos perder nuestro trabajo, pero con ecuanimidad aceptamos la realidad de la situación y, pensando en otros, podríamos incluso estar felices al pensar que ahora tenemos la oportunidad de intentar ayudar a otros.
La relación entre compasión y felicidad
La compasión, entonces, es uno de los factores claves para provocar que nuestros potenciales experimenten un objeto o una situación con felicidad. ¿Pero cómo funciona eso? La compasión es el deseo de que otros estén libres de su sufrimiento y de las causas de su sufrimiento, igual que lo deseamos para nosotros mismos. Pero cuando nos enfocamos en el sufrimiento e infelicidad de otros, naturalmente sentimos tristeza por ello, no felicidad. O podríamos haber bloqueado nuestros sentimientos y no sentir nada. En cualquiera de los dos casos, no sentimos felicidad por su sufrimiento. Entonces, ¿cómo es que la compasión trae un estado de felicidad a la mente?
Para entender esto, necesitamos diferenciar entre sensaciones agitadoras (zang-zing) y no agitadoras (zang-zing med-pa). Aquí, estoy usando estos términos, no con sus definiciones estrictas, sino en una forma más coloquial, menos técnica. La diferencia es si la sensación de felicidad, infelicidad, o neutra está mezclada con la ingenuidad y la confusión sobre la sensación en sí misma. Recordemos que cuando diferenciamos felicidad de infelicidad en general, la variable era si éramos o no ingenuos sobre el objeto que estábamos experimentando. Aquí, aunque no exageremos o neguemos las cualidades de un objeto que experimentamos con infelicidad, por ejemplo, aún así podríamos convertir esta sensación de infelicidad en algún tipo de “cosa” sólida, verdaderamente existente, como una pesada y oscura nube que cuelga sobre nuestra cabeza. Entonces exageramos las cualidades negativas de esa sensación y la imaginamos, por ejemplo, como “una horrible depresión” y nos sentimos atrapados en ella. En este caso, la ingenuidad no acepta la sensación de infelicidad por lo que es. Después de todo, una sensación de infelicidad es algo que cambia momento a momento, de acuerdo a como varía su intensidad: no es un algún tipo de objeto monolítico sólido que existe realmente en sí mismo, sin ser afectado por nada más.
Podemos aplicar un análisis similar a cuando experimentamos no sentir nada al pensar en el sufrimiento de otros. En este caso, cuando exageramos la cualidad negativa de sentir tristeza o infelicidad, tememos sentirla y entonces la bloqueamos. Entonces experimentamos una sensación neutra, ni infeliz ni feliz. Pero después también exageramos esa sensación neutra, imaginándola ser algo sólido, como una gran “nada” sólida que está sentada dentro de nosotros, evitándonos sentir algo sinceramente.
[Para una distinción técnica entre sensación agitadora y no agitadora, ver: Mente y factores mentales: los cincuenta y un tipos de conciencia secundaria .]
Para desarrollar la compasión, es importante no negar que las situaciones difíciles de otros son tristes, como puede serlo la nuestra, tal como perder nuestro trabajo. Sería insano tener miedo a sentir esa tristeza o bloquearla o reprimirla. Necesitamos sentir esa tristeza, pero en una forma no agitadora, para ser capaces de empatizar con el sufrimiento de otros, desarrollar el profundo y sincero deseo de que los otros se liberen de él, y tomar alguna responsabilidad para tratar de ayudarles a superarlo. En resumen, el consejo budista es, “no hagas un “cosa” sólida de la sensación de tristeza; no es para tanto”.
Aquietar la mente
Para experimentar la sensación de tristeza de una forma no agitadora, necesitamos aquietar nuestra mente de todas las divagaciones y sosería mentales. Con las divagaciones mentales, nuestra atención vuela a pensamientos perturbadores superfluos tales como pensamientos llenos de preocupación, duda, miedo, o pensamientos llenos de expectativas de algo que esperamos sea más placentero. Con la sosería mental, caemos en una niebla mental y nos volvemos desatentos de todo.
El budismo es rico en métodos para liberar a nuestros estados mentales de divagaciones y sosería mentales. Uno de los métodos más básicos es aquietarnos al enfocarnos en nuestra respiración. Con las mínimas divagaciones y soserías mentales, nuestra mente está tranquila y serena. En tal estado, podemos fácilmente apaciguarnos también ante cualquier exageración o rechazo o indiferencia hacia los problemas o sufrimientos de otros, y de nuestros sentimientos hacia ellos. Entonces incluso si inicialmente sentimos tristeza, no es agitadora.
Eventualmente, sin embargo, como nuestra mente se relaja y tranquiliza más, naturalmente sentimos un nivel bajo de felicidad. En un estado mental y emocional tranquilo, la calidez natural y la felicidad de la mente se vuelven manifiestas. Si hemos construido unos potenciales suficientemente fuertes para experimentar la felicidad desde el habernos comprometido con una conducta constructiva, nuestro estado mental tranquilo ayuda a provocar que ello madure también.
Desarrollar amor
Entonces aumentamos esta felicidad con pensamientos de amor (byams-pa, sct. maitri). Amor es el deseo de que otros sean felices y tengan las causas para la felicidad. Tal deseo naturalmente va seguido de una simpatía compasiva. Aunque sentimos tristeza por el dolor y pena de alguien, tener esa sensación es difícil mientras activamente deseamos que la persona sea feliz. Cuando dejamos de pensar en nosotros mismos y nos enfocamos en la felicidad de alguien, nuestro corazón naturalmente se torna cálido. Esto automáticamente nos trae un sentimiento más gentil de alegría y puede provocar incluso más potenciales para sentir felicidad, que fueron construidos durante mucho tiempo por nuestra conducta constructiva. Además, cuando el amor es desinteresado y sincero, una felicidad gentil lo acompaña, una que no es agitadora, y nuestra tristeza desaparece. Tal como un padre que sufre de dolor de cabeza olvida el dolor mientras consuela a su hijo/a enfermo, similarmente la tristeza que sentimos por la desgracia de alguien desaparece mientras le irradiamos pensamientos de amor.
Resumen
En pocas palabras, a largo plazo, la fuente más básica de felicidad según el budismo es construir un hábito de abstenerse de actuar, hablar o pensar destructivamente bajo la influencia de emociones perturbadoras y actitudes tales como el deseo, la codicia, el apego, la aversión y la enojo, todas ellas basadas en la ingenuidad. Tal conducta constructiva construye los potenciales en nuestro continuum mental para experimentar felicidad en el futuro. Podemos provocar que estos potenciales maduren a través de no exagerar o negar las buenas o malas cualidades de cualquier objeto o situación que experimentamos, o cualquier nivel de felicidad o infelicidad con que lo experimentamos, a pesar de lo que el objeto o situación puedan ser. Sin ingenuidad, y por lo tanto, sin apego, aversión o indiferencia, necesitamos entonces aquietar nuestra mente de divagaciones y soserías. Necesitamos especialmente aquietar nuestra mente de preocupaciones o expectativas. En este estado mental sereno y tranquilo, sentiremos ya un nivel bajo de felicidad y esto provocará el surgimiento de los potenciales que tenemos para sentir incluso mayor felicidad.
Entonces expandimos nuestra mente al voltear nuestra atención a los problemas de otros y en cómo ellos podrían estar incluso en peores situaciones que las nuestras. Dejamos de pensar solamente en nosotros mismos. Pensamos qué maravilloso sería si todos pudieran liberarse de su sufrimiento, y qué fabuloso sería si pudiéramos ayudarles a conseguirlo. Esta fuerte compasión naturalmente nos guía a una sensación de amor, el deseo de que todos sean felices. Pensar en su felicidad provoca incluso que madure más de nuestro potencial para la felicidad.
Con estos pensamientos de compasión y amor, volteamos nuestros pensamientos hacia los budas o hacia grandes figuras humanitarias. Pensando en sus ejemplos, obtenemos inspiración (byin-gyis rlabs, sct. adhisthana) para tomar alguna responsabilidad para realmente intentar ayudar a otros. Esto nos ayuda a ganar la fuerza y el valor para, no sólo resolver los problemas de otros, sino los nuestros también, pero, nuevamente, sin exagerarlos y sin preocupaciones por fallar o expectativas de éxito.
¿Dónde Nace tu Felicidad?
Somos seres humanos y por ello, sufrimos, estamos tristes, y debido a que sufrimos, deseamos la felicidad; Así, muchas veces nos dejamos arrastrar por aquellos que nos prometen una felicidad fácil, ya sea económica, social o espiritual.
¿Qué es lo que buscamos la mayoría de nosotros? ¿Qué es lo que deseamos?
Especialmente en este mundo exigente donde todos tratan de encontrar alguna clase de paz, de felicidad, un refugio...es importante hacernos estas preguntas. Averiguar qué es lo que necesitamos cada uno, que nos hace disfrutar, qué es lo que intentamos descubrir para ser felices.
Alguno de nosotros buscará cierta clase de paz, o un lugar especial y mágico, o alguien con quien compartirlo, o quizás, una actividad en la que expresar nuestro valor...
Alguno de nosotros buscará cierta clase de paz, o un lugar especial y mágico, o alguien con quien compartirlo, o quizás, una actividad en la que expresar nuestro valor...
Pero, para poder conocer la verdadera felicidad, se puede indagar mucho más allá. La felicidad es un estado del Ser y siempre se encuentra dentro y mana desde el interior.
— La felicidad impacta a tus genes y modifica tus células, dicen los científicos. Pero el origen de tu felicidad importa, ya que distintos tipos de felicidad pueden tener efectos muy diferentes en tu bienestar físico.
De hecho, la felicidad que obtienes de la gratificación instantánea (como comer ese pastelillo gigante o comprar ese fabuloso par de zapatos) puede impactar en tus genes de la misma forma que la depresión o el estrés, según un innovador estudio publicado en Proceedings of the Natural Academy of Sciences.
“He estudiado el impacto físico y psicológico de la emoción positiva durante 20 años y el patrón de resultados que encontramos con este estudio me sorprendió completamente”, dijo la autora principal, Barbara Fredrickson.
Fredrickson es profesora de Psicología e investigadora en el Laboratorio de Emociones Positivas y Psicofisiología en la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos.
“Sé de origen anecdótico que las emociones positivas nos impactan a nivel celular, pero ver estos resultados nos ha dado prueba de que hay una diferencia real en los tipos de felicidad que sentimos y sus potenciales consecuencias a largo plazo”, dijo.
Los expertos dividen el bienestar en dos tipos diferentes: hedónico y eudemónico. Estas son palabras elegantes para describir la felicidad que proviene de dos fuentes diferentes.
El bienestar hedónico viene de la experiencia que una persona busca y que le da placer. Es “tener muchas experiencias positivas que vienen de, digamos, comer alimentos deliciosos u oler flores”, como lo describe el coautor del estudio, Steve Cole, profesor de Medicina, Psiquiatría y Ciencias Bioconductuales en UCLA, en Estados Unidos.
El bienestar eudemónico es un tipo de felicidad que no viene de consumir algo, sino de un esfuerzo al trabajar por algo más grande que tú. En otras palabras: es trabajar para dar significado a la vida o contribuir con alguna causa.
“Sé cómo se ve la miseria a nivel genético”, dijo Cole, quien estudia los procesos biológicos por medio de los cuales los ambientes sociales influyen a la expresión génica (la forma en la que la estructura del ADN se manifiesta en las células). “Puedo analizar los glóbulos blancos y ver una respuesta física al estrés y a la miseria, pero conocemos poco sobre cómo (si es que esto sucede) la psicología positiva se disemina en el cuerpo”.
Si experimentas miseria y estrés, tus genes reaccionan a ello. Esencialmente, hay un incremento en la expresión génica relacionada con la inflamación y una disminución en la respuesta antiviral. Las personas que están sometidas a largos periodos de estrés tienen glóbulos blancos que generan ligeramente más proteínas proinflamatorias.
La inflamación es la primera línea de defensa en contra de la infección, por lo que es muy útil. Sin embargo, cuando el cuerpo produce inflamación durante un periodo prolongado, puede causar daños colaterales en los tejidos.
Los niveles bajos y constantes de inflamación pueden causar agotamiento e incrementar el riesgo de cáncer, enfermedades del corazón y alzhéimer, dijo la microbióloga Phoebe Lostroh, quien no es parte del estudio, pero está familiarizada con su contenido.
Los científicos en el nuevo estudio tomaron sangre de 80 adultos saludables que fueron examinados para los dos tipos de felicidad. Ninguno de ellos reportó estar deprimido o estresado.
Los científicos extrajeron material genético de su sangre y estudiaron las respuestas inflamatorias y antivirales.
Hallaron que las personas que experimentaron el bienestar hedónico tenían altos niveles de inflamación y una baja expresión génica antiviral y de anticuerpos. Estos resultados son similares a los de las personas que están deprimidas o experimentan mucho estrés.
Las personas que encontraron felicidad en la búsqueda de un bien común tuvieron menor nivel de la expresión génica inflamatoria y una fuerte expresión génica antiviral y de anticuerpos.
¿La conclusión?: la felicidad que viene de trabajar por una causa mayor a sí mismo tiene un impacto mucho más positivo en tus genes y tu salud que buscar la satisfacción únicamente personal.
“Las emociones que sientes hoy (…) realmente afectarán quién eres a nivel celular”, dijo Fredrickson.
En el estudio no se explicó por qué ambos tipos de bienestar tienen impactos genéticos diferentes, pero Cole tiene una teoría: “El bienestar hedónico depende de tu decisión de involucrarte y actuar para alimentar constantemente esta máquina de emociones positivas”.
“Si algo amenaza tu habilidad para buscar este tipo de felicidad personal, por ejemplo, si te lesionas o experimentas una pérdida, toda tu fuente de bienestar se ve amenazada. Vives más cerca del borde de ese tipo de estrés.
“Pero cuando encuentras bienestar en las conexiones que tienes con otros y en buscar algo que involucre colaborar con otras personas, si en esa circunstancia te lesionas, enfermas o sufres una pérdida personal, esa comunidad con la que trabajaste tan duro para conectarte, te ayudará a superarlo”.
LA FELICIDAD CRISTIANA, EL CONTENTAMIENTO
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Dios es la única fuente de la felicidad verdadera. Dios no necesita nada ni a nadie para hacerle feliz; aún antes de que el mundo fuese, las tres personas de la Trinidad estaban en completa felicidad. Dios hace que los creyentes sean felices, tal como Él lo está. Esto es necesario porque los creyentes no son lo suficientemente fuertes y buenos para hacerse felices a sí mismos. Dios les da todo lo que necesitan como Juan escribió: “de su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia”(Jn.1:16). Entonces los creyentes pueden estar siempre felices, porque aún y cuando tengan muy poco de lo que este mundo ofrece, tienen las bendiciones espirituales de parte de Dios. En Cristo tienen todas las cosas que necesitan. Esta felicidad cristiana es llamada a veces, el contentamiento. Pablo escribió: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo y sin duda nada podremos sacar. Así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.” (1 Ti.6:6-9) “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque Él dijo: No te desampararé ni te dejaré.” (He.13:5).
La felicidad cristiana proviene de dentro
Es posible que una persona pueda dar la impresión de estar feliz simplemente por no quejarse, cuando en realidad en lo profundo de su ser, la persona esté inconforme. Pero Dios sabe realmente lo que uno piensa y siente. El rey David escribió en Salmo 62:5, “Alma mía, en Dios solamente reposa”, porque él sabía que ésta era la única manera para estar verdaderamente feliz. En forma semejante, esta confianza en Dios, esta felicidad que proviene de dentro del cristiano afecta la totalidad de su ser. David sabía que Dios estaba controlando todo; pero aun así, cayó en depresión porque no dejó que la verdad afectara su manera de pensar. Por eso escribió: “¿Por qué te abates alma mía y te conturbas dentro de mí?” (Sal.42:5). Igual como David, nosotros tenemos que fijar nuestros corazones en el tipo de felicidad que comienza de dentro y nos hace completamente felices.
La felicidad cristiana permanece aun cuando nos suceden tragedias o desgracias
Cuando los creyentes están en dificultades, se entristecen igual como los demás. Cuando otros están en problemas, los creyentes simpatizan con ellos. Oran tanto por ellos mismos como por otros que sufren, porque saben que el Señor Jesucristo es “poderoso para socorrer a los que son tentados” (Heb. 2:18). Aun cuando son tentados a quejarse, resisten la tentación. No se quejan de Dios sino que le siguen obedeciendo y amando. En sus oraciones hablan a Dios de sus problemas, porque creen que Dios les puede ayudar.
La felicidad cristiana es una obra de Dios
No es el resultado de un temperamento naturalmente feliz, ni tampoco es el resultado de escapar de la realidad. La felicidad cristiana es mucho más que un intento de “no preocuparse”, porque contiene un elemento positivo. El creyente quiere estar feliz porque eso glorificará a Dios.
La felicidad cristiana proviene de hacer la voluntad de Dios
Los creyentes no son forzados a obedecer a Dios; lo hacen voluntariamente y encuentran que ésto es lo que les hace felices. Cuando se ponen a pensar, se dan cuenta que no hay nada que les haga tan felices como la sumisión a la voluntad de Dios. Están contentos con dejar que Dios planee su futuro, aún y cuando los propósitos de Dios sean muy distintos a lo que ellos pensaban. De hecho, prefieren la voluntad de Dios antes que sus propios planes, porque saben que Dios entiende mejor que ellos, lo que les es benéfico. Dios les conoce mejor de lo que se conocen a sí mismos. Los no creyentes que creen que su destino está en sus propias manos solamente pueden tener miedo con respecto al futuro, porque un solo error o equivocación les podría conducir al desastre. Los creyentes no tienen nada que temer porque pueden encomendar su futuro a Dios y contentarse con laguía divina. Salomón escribió: “Fíate en Jehová de todo tu corazón, no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas”. (Prov. 3:5-6) El saber que Dios tiene el control hace a los creyentes felices, no solo cuando están experimentando problemas, sino aún después, cuando ven hacia atrás y se dan cuenta como Dios los ayudó.
La felicidad cristiana perdura, no importando la clase de problemas que nos sobrevengan
Los creyentes no tienen el derecho de decidir cuál tipo de sufrimiento experimentarán. Por ejemplo, no pueden decir que no están de acuerdo en perder sus posesiones, ni oponerse a perder su salud. Están felices cualesquiera que sean los sufrimientos que padezcan. Quizás una clase de sufrimiento venga tras de otro, hasta que la totalidad de sus vidas parezca estar llena de dificultades; no obstante, en lo más profundo son todavía felices. Quizás parezca que el fin de sus problemas no aparece; sin embargo, en lo más profundo de su ser son felices. Dios, quien ha planeado la totalidad de sus vidas es glorificado por ello.
Esta entrada la queremos centrar en una pagina web que encontramos con el nombre "la receta para la felicidad", la verdad es que en esta pagina web se encuentran todos los elementos que son necesarios para hallar la máxima felicidad en tu vida.
http://mujer.starmedia.com/salud/la-receta-para-la-felicidad.html
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FELICIDAD/BIENESTAR
Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesriamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
Es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello,su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos.
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis
Stevenson, Robert Louis
La falta de las cosas que el hombre desea es un elemento indispensable de la felicidad.
Russell, Bertrand
Russell, Bertrand
Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Voltaire, François Marie Arouet
Voltaire, François Marie Arouet
La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Kant, Inmanuel
Kant, Inmanuel
Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
Locke, John.
Locke, John.
¿Quiénes son más felices, los americanos o los europeos?
Los americanos "adoran" trabajar, mientras quelos europeos son mucho más felices si pasan más tiempo dedicados al ocio. Es lo que se deduce de un estudio realizado por Adam Okulicz-Kozaryn, de la Universidad de Texas (EE UU), que publica la revista Journal of Happiness Studies. "En Europa son menos felices las personas que trabajan muchas horas, pero en Estados Unidos ocurre justo al contrario", subraya el investigador. De hecho la categoría "horas de trabajo" es importante a la hora de calcular la probabilidad de ser feliz en sujetos norteamericanos.
En su estudio, Okulicz-Kozaryn comprobó que el número de europeos que se describían como muy felices caía de un 28% a un 23% cuando el número de horas aumentaba de 17 horas semanales a 60. En el caso de los americanos, sin embargo, los datos muestran que el 43% de los encuestados se consideran felices independientemente de las horas dedicadas a trabajar.
Los resultados se pueden interpretar como una diferencia en las aspiraciones en ambos continentes. "Los europeos tienden a valorar por encima de todo cuánto disfrutan de la vida, mientras las aspiraciones de los norteamericanos están más orientadas a aumentar los ingreso y el estatus profesional", explica Okulicz-Kozaryn. En otras palabras, la felicidad que produce trabajar más horas puede ser un producto del llamado "sueño americano". El investigador cree que el siguiente paso será que hacer una comparativa país por país, en lugar de analizar globalmente el continente europeo, para entender realmente qué nos hace felices.
Cuantificar la felicidad no es una tarea fácil, Utilizando en datos obtenidos en la Encuesta Mundial de Gallup entre 2005 y 2009 en 155 países del mundo, un equipo de investigadores elaboró el año pasado un ranking teniendo en cuenta el grado de satisfacción de las personas con sus vidas. También puntuaron experiencias diarias como si se sentían descansados, respetados, si vivían sin dolor y si se consideraban intelectualmente estimulados. Además valoraron indicadores de prosperidad.
El resultado, recogido ahora en este mapa por Targetmap.com, muestra que los más felices del mundo viven en Europa (verde) y son los habitantes de Dinamarca (82%), seguidos por finlandeses (75%), noruegos (69%) , suecos (68%) y holandeses (68%). Nueva Zelanda y Australia ocupan también posiciones altas en el ranking con un 63% y 62% de satisfacción, cifras idénticas a las de Costa Rica, Canadá o Israel. Entre los que se consideran más desdichados figuran los habitantes de multitud de países africanos (Togo 1% de felicidad, Burundi con un 2%, Sierra Leona con un 3%, etc.). En América, Haití ocupa también uno de los puestos más bajos de la escala de la felicidad (4%).
España se sitúa en el puesto 43 del ranking, con un modesto 36% de felicidad -por encima de Francia, 35%- y un 6% de sufrimiento.

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Diez grandes frases sobre qué es la felicidad (y cómo alcanzarla)
"La felicidad frecuentemente se cuela por una puerta que no sabias que estaba abierta". John Barrymore.
"La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía".Gandhi.
"La felicidad es íntima, no exterior; y por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos".Henry Van Dyke.
"La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante”. Antonio Gala.
"Cuanto más feliz soy, más compadezco a los reyes". Voltaire.
"Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?" Albert Einstein.
"La felicidad es tener una gran familia, cariñosa, diligente, que se preocupe por uno y que esté unida; pero que viva en otra ciudad". George Burns.
"La felicidad es sencillamente buena salud y mala memoria". Albert Schweitzer.
"La felicidad no es algo que experimentas; es algo que recuerdas". Oscar Levant.
"La felicidad compensa en altura lo que le falta en longitud". Robert Frost.
Encuentran el gen de la felicidad de las mujeres
¿Hay diferencias de género en la felicidad? Científicos estadounidenses han demostrado que existe un gen que hace felices a las mujeres pero que, sin embargo, no funciona en el género masculino. Se trata del gen de la monoamina oxidasa A (MAOA), que regula una enzima que descompone neurotransmisores cerebrales como la serotonina y la dopamina, dos sustancias que provocan bienestar.
En sus experimentos, los investigadores hallaron quelas mujeres con una versión de baja expresión del gen MAOA eran mucho más felices que el resto de féminas. Concretamente, las que tenían una copia de esta versión puntuaron más alto en la escala de felicidad, y las que tenían dos copias puntuaron incluso más. En el sexo opuesto, sin embargo, aunque muchos hombres sometidos al análisis de ADN portaban la versión de expresión baja del gen MAOA, no eran ni más ni menos felices que el resto de sus compañeros, tal y como aclaran los autores en la revista Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry.
El hallazgo de este nuevo "gen de la felicidad femenina" sorprendió a los investigadores, porque hasta ahora el MAOA de baja expresión se había relacionado con el alcoholismo, la agresividad y la conducta antisocial. ?Algunos científicos incluso lo han apodado el 'gen guerrero' pero, al menos para el sexo femenino, nuestro estudio apunta a una cara más brillante de este gen", explica Henian Chen, del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad del Florida del Sur.
En las mujeres se da la doble circunstancia de que, aunque muestran tasas más elevadas de trastornos del estado de ánimo y ansiedad, también tienden a exhibir una mayor felicidad vital que los hombres. El nuevo hallazgo podría ayudar a explicar esta diferencia sexual en el estado de ánimo y su relación con genes específicos, ha señalado Chen.
Una posibilidad que barajan los autores del trabajo es que las diferencias se expliquen porque los hombres tienen mucha más testosterona que las mujeres, de forma que la hormona podría anular el efecto de felicidad de la versión de expresión baja del MAOA en los varones.
Si eres feliz, vivirás más
Una revisión de más de 160 estudios científicos que abordan la conexión entre el estado positivo de la mente y la longevidad ha hallado "pruebas claras y convincentes" de que la gente más feliz tiende a tener mejor salud y a vivir más.
Las pruebas que relacionan una perspectiva positiva de la vida con la longevidad fueron más contundentes incluso que las que vinculan la obesidad con un descenso en la esperanza de vida, según un artículo publicado en la revista Applied Psychology: Health and Well-Being. "Fue casi chocante, y ciertamente nos sorprendió, ver la consistencia de los datos", ha afirmado Ed Diener, profesor emérito de psicología de la universidad de Illinois, que dirigió el estudio.
La revisión se centró en ocho tipos de investigaciones diferentes a largo plazo, así como en pruebas experimentales, tanto en poblaciones humanas como animales. Por ejemplo, 5.000 estudiantes universitarios observados durante más de 40 años proporcionaron pruebas de que los más pesimistas tendieron a morir más jóvenes. Y en el laboratorio, los comportamientos vinculados al optimismo redujeron las hormonas relacionadas con el estrés, incrementaron la función inmunológica y ayudaron a recuperar al corazón tras un esfuerzo excesivo. Además, los animales que vivían en una situación de estrés, como en jaulas repletas de animales, tuvieron sistemas inmunológicos más débiles y murieron más jóvenes que los que no vivían hacinados.
Diener señaló que aunque las políticas sanitarias actuales se centran en combatir la obesidad, el tabaquismo, los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio, "puede ser el momento de sumar el 'sé feliz' y evitar el enfado crónico y la depresión".
Las personas ocupadas son más felices
Mantener la mente ocupada en una tarea aleja las emociones negativas, según revela un estudio realizado por el investigador Christopher K. Hsee de la Universidad de Chicago (EE.UU.) y sus colegas, publicado en la revista Psychological Science. Sin embargo, según ha demostrado el equipo de científicos en una serie de experimentos con estudiantes, de forma natural tendemos a hacer todo lo contrario: permanecer ociosos y desocupados.
A partir de sus observaciones, Hsee concluye que si no hay un motivo claro para hacer algo preferimos sentarnos y quedarnos quietos para no malgastar energía, una clara herencia de nuestros antepasados. Sin embargo, esto es contraproducente, ya que en la actualidad los seres humanos tenemos un exceso de energía que debemos "consumir".
"Cuando te levantes cada día haz algo. Cualquier cosa. Incluso si aparentemente carece de sentido, te sentirás mejor haciéndolo", recomienda Hsee, que asegura que la clave para alcanzar la felicidad es mantenernos siempre activos, ya sea física o mentalmente.
Los americanos "adoran" trabajar, mientras quelos europeos son mucho más felices si pasan más tiempo dedicados al ocio. Es lo que se deduce de un estudio realizado por Adam Okulicz-Kozaryn, de la Universidad de Texas (EE UU), que publica la revista Journal of Happiness Studies. "En Europa son menos felices las personas que trabajan muchas horas, pero en Estados Unidos ocurre justo al contrario", subraya el investigador. De hecho la categoría "horas de trabajo" es importante a la hora de calcular la probabilidad de ser feliz en sujetos norteamericanos.
En su estudio, Okulicz-Kozaryn comprobó que el número de europeos que se describían como muy felices caía de un 28% a un 23% cuando el número de horas aumentaba de 17 horas semanales a 60. En el caso de los americanos, sin embargo, los datos muestran que el 43% de los encuestados se consideran felices independientemente de las horas dedicadas a trabajar.
Los resultados se pueden interpretar como una diferencia en las aspiraciones en ambos continentes. "Los europeos tienden a valorar por encima de todo cuánto disfrutan de la vida, mientras las aspiraciones de los norteamericanos están más orientadas a aumentar los ingreso y el estatus profesional", explica Okulicz-Kozaryn. En otras palabras, la felicidad que produce trabajar más horas puede ser un producto del llamado "sueño americano". El investigador cree que el siguiente paso será que hacer una comparativa país por país, en lugar de analizar globalmente el continente europeo, para entender realmente qué nos hace felices.
El mapamundi de la felicidad
Cuantificar la felicidad no es una tarea fácil, Utilizando en datos obtenidos en la Encuesta Mundial de Gallup entre 2005 y 2009 en 155 países del mundo, un equipo de investigadores elaboró el año pasado un ranking teniendo en cuenta el grado de satisfacción de las personas con sus vidas. También puntuaron experiencias diarias como si se sentían descansados, respetados, si vivían sin dolor y si se consideraban intelectualmente estimulados. Además valoraron indicadores de prosperidad.
El resultado, recogido ahora en este mapa por Targetmap.com, muestra que los más felices del mundo viven en Europa (verde) y son los habitantes de Dinamarca (82%), seguidos por finlandeses (75%), noruegos (69%) , suecos (68%) y holandeses (68%). Nueva Zelanda y Australia ocupan también posiciones altas en el ranking con un 63% y 62% de satisfacción, cifras idénticas a las de Costa Rica, Canadá o Israel. Entre los que se consideran más desdichados figuran los habitantes de multitud de países africanos (Togo 1% de felicidad, Burundi con un 2%, Sierra Leona con un 3%, etc.). En América, Haití ocupa también uno de los puestos más bajos de la escala de la felicidad (4%).
España se sitúa en el puesto 43 del ranking, con un modesto 36% de felicidad -por encima de Francia, 35%- y un 6% de sufrimiento.
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Diez grandes frases sobre qué es la felicidad (y cómo alcanzarla)
"La felicidad frecuentemente se cuela por una puerta que no sabias que estaba abierta". John Barrymore.
"La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía".Gandhi.
"La felicidad es íntima, no exterior; y por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos".Henry Van Dyke.
"La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante”. Antonio Gala.
"Cuanto más feliz soy, más compadezco a los reyes". Voltaire.
"Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?" Albert Einstein.
"La felicidad es tener una gran familia, cariñosa, diligente, que se preocupe por uno y que esté unida; pero que viva en otra ciudad". George Burns.
"La felicidad es sencillamente buena salud y mala memoria". Albert Schweitzer.
"La felicidad no es algo que experimentas; es algo que recuerdas". Oscar Levant.
"La felicidad compensa en altura lo que le falta en longitud". Robert Frost.
Encuentran el gen de la felicidad de las mujeres
¿Hay diferencias de género en la felicidad? Científicos estadounidenses han demostrado que existe un gen que hace felices a las mujeres pero que, sin embargo, no funciona en el género masculino. Se trata del gen de la monoamina oxidasa A (MAOA), que regula una enzima que descompone neurotransmisores cerebrales como la serotonina y la dopamina, dos sustancias que provocan bienestar.
En sus experimentos, los investigadores hallaron quelas mujeres con una versión de baja expresión del gen MAOA eran mucho más felices que el resto de féminas. Concretamente, las que tenían una copia de esta versión puntuaron más alto en la escala de felicidad, y las que tenían dos copias puntuaron incluso más. En el sexo opuesto, sin embargo, aunque muchos hombres sometidos al análisis de ADN portaban la versión de expresión baja del gen MAOA, no eran ni más ni menos felices que el resto de sus compañeros, tal y como aclaran los autores en la revista Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry.
El hallazgo de este nuevo "gen de la felicidad femenina" sorprendió a los investigadores, porque hasta ahora el MAOA de baja expresión se había relacionado con el alcoholismo, la agresividad y la conducta antisocial. ?Algunos científicos incluso lo han apodado el 'gen guerrero' pero, al menos para el sexo femenino, nuestro estudio apunta a una cara más brillante de este gen", explica Henian Chen, del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad del Florida del Sur.
En las mujeres se da la doble circunstancia de que, aunque muestran tasas más elevadas de trastornos del estado de ánimo y ansiedad, también tienden a exhibir una mayor felicidad vital que los hombres. El nuevo hallazgo podría ayudar a explicar esta diferencia sexual en el estado de ánimo y su relación con genes específicos, ha señalado Chen.
Una posibilidad que barajan los autores del trabajo es que las diferencias se expliquen porque los hombres tienen mucha más testosterona que las mujeres, de forma que la hormona podría anular el efecto de felicidad de la versión de expresión baja del MAOA en los varones.
Si eres feliz, vivirás más
Una revisión de más de 160 estudios científicos que abordan la conexión entre el estado positivo de la mente y la longevidad ha hallado "pruebas claras y convincentes" de que la gente más feliz tiende a tener mejor salud y a vivir más.
Las pruebas que relacionan una perspectiva positiva de la vida con la longevidad fueron más contundentes incluso que las que vinculan la obesidad con un descenso en la esperanza de vida, según un artículo publicado en la revista Applied Psychology: Health and Well-Being. "Fue casi chocante, y ciertamente nos sorprendió, ver la consistencia de los datos", ha afirmado Ed Diener, profesor emérito de psicología de la universidad de Illinois, que dirigió el estudio.
La revisión se centró en ocho tipos de investigaciones diferentes a largo plazo, así como en pruebas experimentales, tanto en poblaciones humanas como animales. Por ejemplo, 5.000 estudiantes universitarios observados durante más de 40 años proporcionaron pruebas de que los más pesimistas tendieron a morir más jóvenes. Y en el laboratorio, los comportamientos vinculados al optimismo redujeron las hormonas relacionadas con el estrés, incrementaron la función inmunológica y ayudaron a recuperar al corazón tras un esfuerzo excesivo. Además, los animales que vivían en una situación de estrés, como en jaulas repletas de animales, tuvieron sistemas inmunológicos más débiles y murieron más jóvenes que los que no vivían hacinados.
Diener señaló que aunque las políticas sanitarias actuales se centran en combatir la obesidad, el tabaquismo, los malos hábitos alimenticios y la falta de ejercicio, "puede ser el momento de sumar el 'sé feliz' y evitar el enfado crónico y la depresión".
Las personas ocupadas son más felices
Mantener la mente ocupada en una tarea aleja las emociones negativas, según revela un estudio realizado por el investigador Christopher K. Hsee de la Universidad de Chicago (EE.UU.) y sus colegas, publicado en la revista Psychological Science. Sin embargo, según ha demostrado el equipo de científicos en una serie de experimentos con estudiantes, de forma natural tendemos a hacer todo lo contrario: permanecer ociosos y desocupados.
A partir de sus observaciones, Hsee concluye que si no hay un motivo claro para hacer algo preferimos sentarnos y quedarnos quietos para no malgastar energía, una clara herencia de nuestros antepasados. Sin embargo, esto es contraproducente, ya que en la actualidad los seres humanos tenemos un exceso de energía que debemos "consumir".
"Cuando te levantes cada día haz algo. Cualquier cosa. Incluso si aparentemente carece de sentido, te sentirás mejor haciéndolo", recomienda Hsee, que asegura que la clave para alcanzar la felicidad es mantenernos siempre activos, ya sea física o mentalmente.
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